Dic 5 2006
Política

Actitudes políticas de los evangélicos

LP. Leopoldo Cervantes Ortiz

Bajo el título Actitudes políticas de líderes evangélicos a partir de las reformas constitucionales en 1991 que dieron reconocimiento jurídico a las iglesias, el profesor Mariano Ávila presentó el examen para obtener el doctorado en Ciencias Sociales (con especialidad en el área Relaciones de Poder y Cultura Política) por la Universidad Autónoma Metropolitana. Esta investigación se basa, primordialmente, en lo sucedido durante el régimen de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Mediante entrevistas a 65 a líderes del amplio espectro evangélico, desde líderes de las llamadas iglesias históricas hasta dirigentes pentecostales, neopentecostales y de megaiglesias, sondeó el comportamiento político-electoral de las comunidades, con especial énfasis en la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, una de las más antiguas y numerosas.

Ávila, doctor en Teología por el Seminario Westminster, de Filadelfia, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Calvino, de Grand Rapids, Michigan,, y ex rector del Seminario Presbiteriano de México, señaló en su exposición que se propuso describir y contrastar las posturas de las “jerarquías” y los liderazgos medios. Además, la tesis destaca el interés de muchos líderes evangélicos en participar en el terreno político, desde la gestoría social hasta la negociación para obtener algunas candidaturas. También resaltó lo sucedido con la herencia liberal del protestantismo en áreas como en la defensa del carácter laico del Estado, aunque advirtió que, paradójicamente, cuando algunos dirigentes intentan incidir políticamente lo hacen desde modelos teocráticos o hierocráticos, para desde ahí tratar de implantar cambios morales, algo que Ávila entiende como un retroceso debido a que la sociedad mexicana actual es laica y plural.

En el turno de preguntas de los sinodales, Rodolfo Casillas (profesor de la FLACSO) se refirió al papel efectivo de los creyentes evangélicos en la sociedad y a la necesidad de superar la visión en torno a que sólo ante a procesos electorales se despierta el interés de las iglesias. Otra pregunta suya resulta particularmente incisiva: ¿están preparadas las iglesias para vivir en la democracia? Finalmente, Casillas afirmó que esta tesis abre una “caja de Pandora” en este campo de investigación para que otros estudiosos lleven a cabo estudios más específicos desde diversas perspectivas. A todo esto, Ávila respondió que, efectivamente, parece que únicamente los aspectos político-electorales están muy presentes en la conciencia de los líderes de las agrupaciones debido a que no se entiende adecuadamente como un “campo de misión”, como lo fueron en su momento la educación y la atención a la salud, descontando, por supuesto, su obsesión por el crecimiento numérico. Asimismo, reconoció que las iglesias necesitan llevar a cabo un reaprendizaje democrático, junto con muchos sectores sociales. Aclaró que la tesis trata de desmentir la posibilidad de ofrecer cifras de votos “garantizadas” a los partidos ya existentes, pues el país está inmerso en un largo proceso de superación de las prácticas y hábitos corporativistas.

Por otro lado, Ávila insistió en que es muy necesaria la canalización de voces nuevas e informadas al interior de las iglesias para alertarlas y así poder superar la ingenuidad que manifiestan muchos líderes y miembros de las asociaciones religiosas (figura jurídica para las iglesias que se implantó en la Constitución en 1992). En respuesta a David Brondos, profesor de la Comunidad Teológica de México, acerca del carácter prescriptivo de la tesis, Ávila señaló que el pensamiento social es un pensamiento comprometido con la justicia y la democracia, esto es, adonde se articula el pensamiento teológico. A partir de ahí, los vientos democráticos, que lamentablemente no han surgido de las iglesias, han “redimido” a algunas de ellas, puesto que es posible reconsiderar las bases para acometer una presencia social pertinente.

Ávila agregó también la enorme sorpresa que significó constatar estadísticamente el sesgo derechista del voto evangélico en el 2000, después de que por décadas estas iglesias se identificaron con el Partido Revolucionario Institucional (PRI). En ese sentido destacó la actuación de intelectuales evangélicos como Adolfo García de la Sienra y Hugo Eric Flores. En el caso del segundo, describió su evolución en el sexenio foxista desde un rechazo a los postulados del partido en el poder (Partido Acción Nacional) hasta un pacto con el candidato presidencial de este partido para las elecciones de 2006 mediante la agrupación política nacional Encuentro Social.

Finalmente, Manuel Canto, el asesor de la investigación, llamó la atención al hecho de que las autoridades encargadas del registro de las iglesias siguen creyendo que el trato con las mismas sólo es posible a partir del trato con las cúpulas, lo cual obliga a las iglesias a desmarcarse de dicho comportamiento corporativista. Su pregunta más llamativa fue: ¿qué le diría el autor a la iglesias ante la promoción de la educación jurídico-política en su interior? Ávila respondió que la política es una práctica inherente a todas las iglesias, aun cuando no haya suficiencia conciencia de ello y que las agrupaciones deben aprender a tratar adecuadamente con el ambiente político. Una vía para este aprendizaje podría ser el redescubrimiento de las voces que en las iglesias pueden orientar para superar las visiones tan limitadas al respecto. Una de las tareas más urgentes, concluyó, es la participación y evaluación evangélicas de los “proyectos de nación”, así como de los “paquetes” que ofrecen los partidos políticos para discernir y emitir un voto razonado, cualesquiera que sea su rumbo.

La tesis se divide en 7 capítulos, el primero de los cuales expone los elementos centrales del marco teórico (relación sociedad-individuo, tradición-modernidad y secularización); el segundo contiene los conceptos descriptivos de las relaciones Iglesias-Estado en occidente y su relevancia para el caso mexicano; el tercero plantea las perspectivas históricas de las relaciones entre las iglesias evangélicas y el Estado mexicano; el cuarto es un panorama de lo sucedido en Perú, Chile y Brasil y las lecciones que de allí se desprenden; el quinto, “Análisis de actitudes políticas de líderes evangélicos” está constituido por las entrevistas a políticos, funcionarios y líderes de diversas organizaciones e iglesias; el penúltimo capítulo es la encuesta de opinión entre líderes evangélicos durante las elecciones presidenciales de 2000; y el séptimo, las conclusiones y escenarios para el futuro. La tesis se publicará próximamente.

 

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