Oct 12 2007
Temas Bíblicos

Como nosotros perdonamos I

LupaProtestante Eduardo Delás, España

Colosenses 3:12-15 – “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

Mt. 6:12, 14-15 – “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores… porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

“Los que perdonan, son los que curan a la humanidad. En vez de hurgar en la ofensa y el daño, en vez de soñar con la revancha o la venganza, detienen el mal en sí mismos. Perdonar es el acto más grande que las personas pueden realizar. El acontecimiento que hubiera podido acrecentar la brutalidad en el mundo sirve para acrecentar el amor. Los seres heridos que perdonan transforman su propia herida. Curan, allí donde se encuentran, la llaga que desfigura el rostro de la humanidad desde sus orígenes: La violencia La persona que perdona se parece a Jesús. La persona que perdona hace presente a Dios” (Gerard Bessière).

Y, ahora, luego de este sublime comienzo, bajemos al polvoriento camino de la vida cotidiana comunitaria con todas las adherencias que nos proporciona la experiencia sensible.

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

No perdonamos por ORGULLO

Rom. 12:14-16 – “Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes”.

Toda experiencia que nos reporte dolor, desprecio o rechazo por parte de otros, es capaz de poner en pie de guerra toda la mugrienta altivez de espíritu que llevamos dentro. Cuando nos sentimos heridos por algo que ha atentado contra la propia integridad moral o emocional, se remueve sin control el universo interior. Es como si una tempestad se instalara dentro y azotase permanentemente las emociones “informando” al propio “YO” de la magnitud de los daños sufrida. A partir de ahí, es previsible que todos los mecanismos de defensa se quieran poner en marcha para reaccionar. Lo que sucede es que, con frecuencia, lo hacen desde la arrogancia más sórdida para responder a la agresión de manera ejemplarizante. La lógica del orgullo dice: YO no perdono.

No perdonamos por VENGANZA

Rom. 12:17-19 – “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. Nos os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

La venganza es la respuesta más instintiva y espontánea a una afrenta. Se trata de una especie de compensación por el sufrimiento recibido, a base de causar daño (a veces irreparable) a otro. La venganza es la aplicación de la propia justicia sin reparar en las consecuencias porque se trata simple y llanamente de que, el que la hace la paga.

Sin embargo cabría preguntarse: ¿Cuáles son los mecanismos que activan los deseos irrefrenables de venganza?. La respuesta a este interrogante aparece inscrita en los sótanos más hondos del alma humana. No obstante, si tomamos en cuenta lo dicho hasta el momento, resulta evidente que la propia autoestima sólo estamos autorizados a herirla nosotros, pero no los demás. Por regla general, somos capaces de transigir con nuestros propios errores, podemos fallarnos cuanto queramos porque, al final, somos dueños de unas enormes tragaderas para justificar todo lo que hacemos o dejamos de hacer, aunque sea una barbaridad. Pero si llega alguien y nos hace daño atreviéndose a herir lo que más queremos, entonces se va a enterar de quienes somos. Por eso, la lógica de la venganza dice: TÚ vas a pagar.

Henri Lacordaire dice: ¿Queréis ser felices un instante?. Vengaos. ¿Queréis ser felices siempre?. Perdonad. La venganza nos abraza al pasado. La venganza no nos da la medida del amor a Dios, ni del amor al prójimo, pero sí la del amor violento que nos profesamos.

No perdonamos por RESENTIMIENTO

Ef. 4:31-32 – “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdono a vosotros en Cristo”.

La alternativa a la construcción de “nidos de rencor”, dice el apóstol, es el recurso de la misericordia y el perdón desde el modelo normativo de Cristo. Pero convertir el texto en experiencia no es tan sencillo. Con frecuencia, frente a las ofensas recibidas la reacción no siempre es mediática y ruidosa. La condición humana dispone de resortes capaces de sumergir en lo más íntimo el daño recibido, a la espera de una respuesta fría y oportuna. Pero, claro, la realidad consciente raras veces reconoce el misterioso sembrado de amargura que se gesta en oculto. Y, a partir de aquí, el tiempo corre en contra de cualquier resolución de conflictos relacionados con el perdón y la reconciliación, porque el resentimiento resulta ser el alimento más contraindicado para reforzar el orgullo y los deseos de venganza. Por eso, la lógica del resentimiento dice: Yo NO OLVIDO. Riadas de amargura y desgarros afectivos no resueltos corren por las venas de nuestras vidas comunitarias por no reconocer estas cosas.

Así como nosotros perdonamos”. Este es el título de nuestro tema. Y, sin embargo, parece que luego de esta introducción las cosas más que clarificarse, no han hecho sino complicarse. La cuestión es de tanto calado que no admite recetas simplificadoras, ni medias tintas, ni soluciones de compromiso. Sólo acercamientos serios, comprometidos y cargados de humildad. Por eso, en la siguiente entrega, profundizaremos un poco más en el camino que nos ha de llevar a la experiencia comunitaria del perdón y la reconciliación.

 

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1 Comentario

  1. Genesis Cruz... dice:

    Paz hermanos, me gustaria copiar este tema, pero no me lo permite, como puedo hacer??? Help me! 😀

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