Ago 15 2007
Temas Bíblicos

Cristianismo y globalización (III)

LupaProtestante

¿Neoliberalismo Globalizador? ¡Que no te vendan la moto! (y III)

Eduardo Delás

Introducción.

La realidad quiere tomar la palabra, pero hay que dejarla hablar. Y una vez que ha hablado, es preciso respetar su palabra. Y que eso no es evidente nos lo advierte Pablo, quien ve en el ser humano (creyente o no) la posibilidad de amordazar la verdad de la realidad (Rom. 1:18 ss.)1. Comenzamos.

NEOLIBERALISMO: “RITOS DE INICIACIÓN”.

No te engañes alma cándida, vivimos desde la competitividad en la compulsiva necesidad de justificar nuestras vidas con cualquiera de las supuestas mil caras de la hidra del éxito2. Escucha con atención “catecúmeno neoliberal”: Sin éxito de lo que sea y en lo que sea el panorama de tu vida es alarmante. O sea, no tener o no conseguir significa peligro, riesgo, amenaza, fracaso, incertidumbre y miedo. Por el contrario, tener y alcanzar resultan sinónimos de seguridad, bienestar, disfrute y libertad3. No hay duda, entonces, acerca de lo que hay que hacer.

En las calles de las ciudades aparecen multitudes derrotadas por la competitividad, que no han conocido la fama, el éxito, el poder o la riqueza. Son las grandes masas para las que se han inventado los mil canales audiovisuales, las revistas de moda y marujeo, las hipotecas, los hipermercados y la publicidad. Sin embargo, tú debes anhelar huir de esa marea humana que gime de dolor o de placer al compás de las emociones que otros le infieren a cada momento, y auparte a un palco preferente desde el que contemplar el mundo.

Como estas son tus aspiraciones y anhelos más profundos, has aceptado con ellos un proceso de “conversión” (metanoia) o nuevo nacimiento, renunciando a tu presunta condición de ser humano para devenir en una hiena astuta bien disfrazada de oveja mansa, que controla los acontecimientos y no se ve desbordada por ellos. Estas son las reglas. Por eso, necesitas encarnar libremente el “fruto del neoliberalismo”, es decir, la imitación y el seguimiento del carácter revelador de un “nuevo hombre” que amanece en tu interior conforme al modelo del sistema.

LAS VIRTUDES DEL “NUEVO HOMBRE NEOLIBERAL”.

1. Olvídate de las virtudes.

El sendero hacia el triunfo implica adentrarse en un escenario canalla, en el que deberás aceptar cualquier exigencia de encanallamiento, aunque sólo sea como imprescindible adaptación al medio. Eso de encanallamiento suena fatal, ¿verdad?. Tranquilo, tampoco es para tanto. Cuando se va adquiriendo destreza y soltura en estas cosas se pierde con la misma facilidad cualquier atisbo de perspectiva moral. Todo ha de apuntar a patrones de utilidad.

2. Olvídate de tu “yo” anterior.

Tú has “resucitado” a una nueva vida. Esto significa que vas a convertirte en el más excelente personaje de ti mismo a partir de una precisa “cirugía estética” de tu alma. Nada es gratis. Nada es gratis significa que al igual que sobre otros recaerán las consecuencias de tu éxito y pagarán por ello, tu también tendrás que pagar un precio. Aparecerá una nueva figura de ti todavía por moldear, pero a la que ya será posible asignarle el germen de dos atributos: El encanallamiento útil y la suplantación provechosa de identidad4.

Nada ni nadie te restituirá tanto como tu éxito personal en una sociedad de mendigos, chulos, chorizos, cortesanos, putas y pícaros, y en la que nadie resulta ser quien parece o nos venden, desde el príncipe hasta el bufón. Hay que desprenderse de esa presunta ingenuidad con la que nos defendemos de tener que reconocer nuestro propio instinto depredador. Ya que le has entregado al sistema tu alma, tu conciencia y tu libertad de pensar5, no te conformes con menor compensación y busca auparte a la cúspide, que es el lugar en el que podrás encontrar las mejores contrapartidas.

3. Olvídate de los demás.

Recuerda la “doctrina” del capitalismo globalizador en la que has creído y a la que has prometido lealtad incondicional. Rememora lo que eras antes y a dónde has llegado. Comenzaste siendo un resentido, vulgar y reivindicativo proletario, pero te hiciste con un pisito de 60 m2 en un bloque de 10.000 viviendas del extrarradio de tu ciudad, a pagar en cómodos plazos en cincuenta años. A partir de aquí, fuiste poco a poco acumulando propiedades y bienes y sin necesidad de púlpitos ni espadas pasaste a convertirte en un nuevo burgués, individualista, acomodado y conformista6 y dejaste de preocuparte por minucias insignificantes como las necesidades de los demás y los problemas ajenos.

Andando el tiempo, descubriste que el “mercado” es una cosa más compleja e importante que el lugar donde tu madre compraba las pescadillas cuando eras niño7, y te hiciste militante comprometido del consumo y de la sociedad del disfraz. Recuerda, pues, de dónde vienes y las aspiraciones de “estrellato personal” que laten dentro de ti, para que los demás, esos super-pringaos que te rodean, vean lo mucho que vales. Te necesitas a ti mismo, no te defraudes. La partida de la vida se juega en términos de “ellos o tú”. Encarna los grandes “dogmas” en los que has creído para que te vaya bien.

LA ALTERNATIVA CRISTIANA AL NEOLIBERALISMO GLOBALIZADOR.

Lucas 12:54-56 – “Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace. ¡Hipócritas!. Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo nos distinguís este tiempo?.

La fe del cristianismo aparece ligada a la “climatología”. Echa raíces en la tierra y se asocia al momento socio-cultural para su crecimiento y desarrollo. Se encarna en él. Por esa razón es tan importante el aviso de Jesús de mirar una y otra vez a las nubes y predecir el clima ambiental. Es verdad que el cristianismo ha de mirar al cielo, pero sólo para poder discernir lo que va a hacer sobre la tierra. No se trata de una huída nostálgica de carácter evasivo, sino de afincamiento en la tierra para transmitir la plenitud de la fe. Aquí está nuestra “casa” y se nos prohíbe trascenderla antes de tiempo huyendo a la estratosfera. Tenemos la responsabilidad de auscultar los signos de los tiempos, el momento histórico que nos toca vivir. Aquí y ahora nos emplaza Jesús a no ser hipócritas y, si podemos conocer el aspecto de la tierra y el cielo, ser capaces también de interpretar el momento presente y juzgar lo que se debe hacer y cómo hacerlo8.

Así las cosas, hemos de preguntarnos con toda seriedad:

¿Cómo ha de resituarse la iglesia en el mundo hoy frente a los desafíos contemporáneos del neoliberalismo globalizador?.

1. Retornando permanentemente a las fuentes esenciales del cristianismo.

Siempre esto y siempre lo primero. Se impone la recuperación del primado del dato revelado como estatuto interno del cristianismo. Pero una recuperación que sea capaz de colocar en crisis algunos de los grandes males “ad intra” y “ad extra” de nuestra realidad. A saber:

Los reduccionismos teológicos, que someten la Palabra de Dios a una “anorexia” permanente. Vender simplicidad evangélica a cambio de respuestas “express” es una estafa impresentable y, además, impulsora de submundos cristianos irrelevantes.

Los bastiones herméticos de la tradición mal entendida, que fabrican estructuras intra-eclesiales injustas convertidas con el tiempo en adherencias que cotizan como principios divinos. A partir de aquí, en el mejor de los casos las iglesias se convierten en “curiosidades jurásicas” para un mundo en transformación permanente..

2. Estableciendo un nexo permanente entre fe e historia.

Hemos d
e aspirar a encontrar terreno común con las nuevas corrientes de pensamiento contemporáneo, para ser capaces de “aterrizar” allí con un cristianismo coherente, comprensible y alternativo. Porque tan ser Iglesia es “no ser del mundo” como “estar en el mundo”. Y la Iglesia no puede estar en el mundo sorda, ciega y muda. Y, no puede, porque el mensaje que transmite no se encarna sólo en la inteligencia, sino en el tiempo/vida.

Eso significa que la Iglesia debe renunciar a plantarse en el mundo encerrada en sí misma, en sus problemas, en sus propios intereses y en su organización. Esta endogamia la convierte en algo casi invisible y, para muchos, en un OSNI (Objeto Sagrado No Identificado). Es necesario, pues, que en el nombre del Dios en el que ha creído y del mensaje que vive y proclama, salga de su aislamiento, mire al mundo, lo escuche, se deje interpelar por él y se implique compasivamente en sus necesidades y sufrimientos. Sólo así podrá proyectar en la historia su propia razón de ser: Visibilizar la vida del Jesús resucitado en forma de comunidad9.

El Dios en el que creen los cristianos no se ha quedado en el más allá, sino que ha venido al más acá. Por eso, el ser humano no puede encontrarse con él en la frontera del más acá con el más allá, sino en el centro mismo de este mundo. Como escribiera el Bonhoeffer de la prisión:

“No estamos preocupados con el otro mundo, sino con éste. Aquello que está por encima del mundo, en el Evangelio, tiene el propósito de existir para este mundo. Solamente cuando amamos la vida y el mundo con tal intensidad que sin ellos todo estaría perdido, es cuando podemos creer en la resurrección y en un mundo nuevo. No debemos de tratar de ser más religiosos que el propio Dios”.

3. Encarnando el proyecto de Jesús.

Un proyecto de igualdad.

Jesús plantea y propone la igualdad en cuanto se refiere a la situación de todos y cada uno en la comunidad. De ahí que no tolere la pretensión de los que quieren situarse por encima de los demás (Mr. 10:34-35; Lc. 22:24-27) cortando de raíz toda discusión sobre cuestiones relativas a los anhelos de primado. En la comunidad de Jesús no puede haber rastro alguno de “primeros” Hasta tal punto esto es así, que él no sólo lo enseña insistentemente, sino que además lo encarna poniéndose por debajo de todos (Jn. 13:13-17).

Un proyecto de fraternidad.

El distintivo más importante del seguimiento de Jesús es la nueva relación que se establece con Dios como Padre. Pero, al mismo tiempo, eso supone y lleva incluidos no sólo unos determinados vínculos hacia Dios sino, además, un comportamiento que encarna amor, acogida y respeto por los otros como hermanos. Mt. 23:8-9 – “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis Padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos”. Frente a las desigualdades y desequilibrios existentes en la religión judía y en la sociedad de su tiempo, Jesús quiere que su comunidad sea, por encima de todo, fraterna.

Un proyecto de solidaridad.

No se trata solamente de una comunidad en la que existe una verdadera igualdad, y en la que todos se sienten y se saben hermanos, sino que además se trata también de una comunidad cuya norma de vida es el amor. Desde este punto de vista, Jesús reduce las exigencias éticas a dos mandamientos inseparables:

Mt. 22:37-39 – “… Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

Es más, la solidaridad entre los seguidores de Jesús tiene que llegar hasta el extremo de amar cada uno a los otros como el mismo Jesús los amó a todos. Jn. 15:12 – “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”. No se puede establecer una meta más alta de entrega desprendida y generosa.

Un proyecto de acogida preferente a “los nadies”.

En la comunidad de Jesús, los pobres, los mancos, los ciegos, y los cojos son los que entran en el gran banquete comunitario (Lc. 14:21). Los presos, los cautivos, los oprimidos y los quebrantados de corazón son objeto de atención prioritaria (Lc. 4:18-21). Los que se pierden son buscados hasta dar con ellos (Lc. 15:1-10). Los que lloran y los que son perseguidos son declarados felices (Mt. 5:3-12), porque para ellos es la “buena noticia” de un modo preferente: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mt. 11:5).

En todos estos contrastes se expresa el trastorno radical de situaciones establecidas que María, la madre de Jesús, había profetizado como consecuencia de la presencia de Jesús de Nazaret en el mundo: “Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos” (Lc. 1:52-53). Se trata, sencillamente, de la construcción de una realidad de contraste frente al mundo.

Un proyecto de libertad.

Jesús no fuerza a nadie, ni para que entre a formar parte de la comunidad, ni para que se quede en ella. Al joven que no quiso aceptar su invitación al seguimiento, le dejó ir sin más (Mt. 19:21-22 ss). A los que están en la comunidad, no se les obliga a quedarse: “También vosotros queréis marcharos” (Jn. 6:67). A nadie se le retiene, a nadie se le fuerza.

Cuando en los evangelios se habla de la obediencia, nunca se trata del sometimiento de los miembros de la comunidad al jefe, aunque ese jefe sea Jesús. Jamás se plantean las relaciones interpersonales en términos de mando y obediencia ciega, sino a partir de la experiencia esencial de la libertad10. Jn. 8:31-32 – “… Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

A partir de aquí, es preciso afirmar con toda claridad que una verdadera comunidad alternativa al mundo es aquella en la que, desde la imitación y el seguimiento de Jesús, se dan estos rasgos distintivos: Igualdad, fraternidad, solidaridad, acogida preferente a “los nadies” y libertad. He aquí los signos que nos hablan de un cristianismo que es más movimiento que culto ritual; más proyecto de transformación de la realidad que mera efervescencia religiosa11; más relación curativa con un mundo roto que palabras al viento.

¿Neoliberalismo globalizador?. Por favor, ¡que no te vendan la moto!.

Eduardo Delás.

1 Sobrino J. “Fuera de los pobres no hay salvación”. Pequeños ensayos utópico-proféticos. Trotta. 2007. Pág. 19

2 Sánchez Alvarez J. “Manuel para cínicos”. De cómo triunfar en la sociedad de la mentira. Pensamiento Alternativo. 2006. Pág. 19

3 Ibid pág. 29

4 Ibid Págs. 34-35

5 “ Pág. 36

6 “ Pág. 70

7 “ Pág. 74

8 Mardones J.M. “En el umbral del mañana”. PPC.2000. Pág. 181

9 Delás E. Comunicación “La misión de la Iglesia en un mundo cambiante”. Congreso de Teología Histórica. Noviembre 2006. Facultad de Teología de Valencia.

10 Castillo J.M. “El seguimiento de Jesús”. Sigueme. 1986. Págs. 214-216

11 Mardones J. M. Op. Cit. pág. 7

 

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