Sep 19 2008
Política

En el Evangelio no cabe hacer política partidista

 

LP. Joan-David Grimá, España

Teología, sin duda alguna, faltaría más. Pero también los temas ético sociales. Hace ya algunos años, cuando dirigía una clase de la escuela dominical en la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Madrid, hice énfasis en una visión del escenario religioso del siglo XXI, en el que las diferencias entre cristianos no estarían centradas en temas teológicos sino en temas ético sociales.

En la visión que entonces pude compartir y reflexionar con los hermanos que acudían al estudio bíblico, se contemplaba que se iba a pasar del enfrentamiento por las cuestiones que, sobre el papel, nos separaban, a la aproximación por los temas que nos preocupaban. En consecuencia, la actuación conjunta de distintos cristianos no giraría en torno a temas tales como: “papel de la gracia o las obras en la salvación”; “la función corredentora de María”; “la Biblia como única fuente de revelación frente al papel de la tradición apostólica”; “el bautismo de creyentes versus el bautismo infantil”; “la existencia del infierno”, etcétera. Por el contrario, lo que uniría a distintos cristianos serían sus respuestas ante importantes asuntos ético sociales.

Ceo que ese tiempo ya ha llegado. Los cristianos nos enfrentamos a temas que afectan tanto nuestra vida eclesiástica, como nuestro devenir social. Entre ellos cabe destacar, sin ninguna pretensión exhaustiva sino sólo indicativa:

*El papel de la mujer, tanto en la esfera propiamente religiosa (acceso al ministerio pastoral), como en el ámbito laico (la violencia de género, la discriminación laboral).

*La regulación civil del “divorcio exprés”

*El matrimonio religioso entre divorciados.

*La regulación civil del derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo; aborto.

*La homosexualidad en la esfera religiosa: la aceptación de quienes se declaran cristianos como miembros de iglesia de pleno derecho.

*La defensa de los derechos humanos, en todos los ámbitos.

*La justicia social:

**Educación gratuita de calidad;

**Buena sanidad pública;

**Precariedad laboral;

**Protección de los ancianos;

**Distribución de la riqueza;

Entre otras dimensiones.

*La preservación del medio ambiente.

*La respuesta a dar ante una participación “directa o indirecta”

en una guerra.

Hoy, y como resultado de su posicionamiento ante propuestas de modificaciones ético-sociales que emanan de la sociedad española, se observa que hay grupos de cristianos protestantes que se encuentran mucho más unidos a (se sienten más hermanos de) grupos católicos que a otros grupos protestantes. Es decir, hay protestantes que se sienten más en comunión con católicos, por su visión común en temas de justicia social, por ejemplo, que con otros protestantes, con los que están totalmente enfrentados con respecto a dichos temas. Conclusión, parece que une más el posicionamiento, la respuesta a estos temas ético morales, que la identidad doctrinal.

Además, pasado el periodo de la “larga noche de la dictadura” (en el que la no había más opción que ir sobreviviendo como protestantes), el nuevo entorno de libertad creado en España desde el inicio del último cuarto del siglo pasado, facilita la resonancia pública de “la posición de los protestantes”

con respecto a los distintos asuntos relevantes en nuestro entorno ético social. Y ello ha llevado a algunas organizaciones a posicionarse públicamente en los temas objeto de debate en la sociedad española; y es bueno este comportamiento.

La adaptación de una posición pública en los temas éticos y sociales mencionados, en otros muchos, ha implicado que las afinidades, las uniones mencionadas anteriormente, se den no solamente entre cristianos de distinta doctrina, sino que se extiendan a grupos no cristianos que también adoptan posicionamientos similares en la mayoría de estos temas.

Ha sido, pues, esta realidad la que ha llevado al acercamiento de iglesias, grupos, denominaciones protestantes hacia uno u otro de los dos grandes partidos políticos españoles. Pero hay una triste realidad en este acercamiento: en lugar de predicar a Jesús, en lugar de meditar sobre sus enseñanzas, parece que algunos, o quizá muchos, se están dedicando a buscar el voto del colectivo protestante para uno u otro de los dos partidos mayoritarios, al más puro estilo de ciertos colectivos de la iglesia católica, incluida su jerarquía, con relación al partido actualmente en la oposición, o de ciertos movimientos evangélicos norteamericanos, incluyendo la poderosa Southern Baptist Convention, hacia el partido actual en el poder en ese país.

Alguno de estos grupos o denominaciones han llegado a un nivel tal de “locura”

que han dado entender que ellos se erigen en garantes de determinar a que partido político, PSOE o PP, debemos votar los cristianos protestantes. ¡Qué necedad! Los protestantes españoles hemos sufrido tanta marginación y discriminación que ya estamos curtidos en tomar decisiones.

¿Qué pretenden algunos? ¿Ya no será posible que protestantes que no votan al mismo partido político puedan compartir el pan y el vino, adorar juntos a Dios, estudiar unidos la Biblia? Me niego a ello. A quienes quieren llevarnos hacia escenarios de exclusión, por no votar al partido que subliminalmente defienden, pido aquí que dejen de hacer política partidista desde su posición de liderazgo y privilegio como dirigentes evangélicos.

Sólo se podrá continuar la carrera de la fe siendo institucionalmente proféticos; y para ello no se ha de mezclar religión y partidos políticos. Elimínese el “matrimonio”

entre grupos, iglesias o confesiones evangélicas y partidos políticos. Será siempre un yugo desigual; creo que como iglesia o denominación nunca se podrá apoyar institucionalmente, en su integridad, los programas de ningún partido político, ni la de los grupos de presión que los apoyan; ni identificarnos totalmente con el desarrollo de la gestión de gobierno. Déjese este acercamiento a los cristianos a título individual, pero húyase de hacerlo como iglesia o denominación.

Meditemos en las enseñanzas de Jesús. Reflexionemos sobre los que en su palabra nos dice Dios a cada uno de nosotros. Vivamos el Reino de Dios ya hoy. Denunciemos todo lo que consideremos incorrecto en nuestra sociedad, y actuemos para cambiarlo. Estemos comprometidos con Jesús, con la vida de servicio y amor al prójimo, con la justicia social, que predicó y nos instó a vivir. Y como resultado de todo ello, que cada cristiano protestante decida, según su conciencia, cual debe ser su compromiso individual en política.

 

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