Abr 30 2013
Política

Los cristianos y el primero de mayo

Cinco razones para unirnos a la marcha
este primero de mayo

Juan Stam

No recuerdo cuál año fue que participé por primera vez en la marcha de los trabajadores, pero recuerdo muy bien la experiencia. Eran mediados de los años 80, quizá 1985. Victorio Araya, mi estudiante de entonces y amigo de siempre, me animaba a acompañarle en la marcha. Me parecía un poco atrevido y tuve mis dudas. pero por lealtad a mi amigo decidí hacerlo. No me imaginaba la importancia que esa decisión iba a tener en mi vida futura.

Íbamos caminando cuando un señor desconocido se me acercó, me dio la mano y me hizo un comentario que nunca olvidaré. “Don Juan”, me dijo, “yo le he escuchado predicar en el Templo Bíblico, pero lo respeto mucho más ahora que lo veo presente con los trabajadores, en la calle”. Con sólo eso me alegré de haber decidido acompañar a Victorio – ¡y al pueblo costarricense! – aquel día. Por supuesto volví a mi casa esa noche todo emocionado y abierto para nuevas aventuras en el futuro.

Primer razón

Esa es mi primera razón para ir a marchar (…) el primero de mayo. Aquel día, hace casi cinco décadas, Dios me abrió una puerta de testimonio del reino de Dios como reino de vida para todos y todas, por estar presente con los pobres en su gran día.

Puedo decir que mis vivencias después, cada primero de mayo, han sido bellas y realmente edificantes. Persuadimos a otros estudiantes del Seminario Bíblico acompañarnos, y después hubo un contingente de la recién fundada Universidad Nacional, con nuestra Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religíón. Había delegaciones de otras confesiones evangélicas, como los luteranos, y otros católicos, entre ellos estudiantes míos de la UNA. En las marchas conocí muchos amigos nuevos, hasta del partido comunista costarricense. Uno de ellos me dijo una vez, “Vos sos diferente de otros protestantes. ¿Dónde predicás, quiero escucharte”. Se madrugó para acompañarme a un culto de resurrección.

Con algunos de esos amigos sólo nos vemos en la marcha y otras manifestaciones. Algunos han muerto ya. He descubierto que existe todo un mundo de gente maravillosa, muy nobles y sinceros, que los evangélicos solemos tildar de “izquierdistas” y por eso, indignos de nuestra amistad y solidaridad. Me parece una gran lástima que en general los evangélicos brillan por su ausencia en estos actos de presencia y solidaridad.

Segunda razón

Esa es mi segunda razón: En la marcha voy a encontrarme con mucha gente linda, en las que veo la imagen y la gracia de Dios, y espero yo, ellos y ellas podrán ver algo de lo mismo por medio de mi presencia al lado de ellos.

Tercera razón

Nuestro Maestro y Salvador nos manda “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia”, orando que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo (Mat 6:10,33). El vocablo “busquen” (o “buscad”) en Mat 6:33 es un verbo activo, tiempo presente, modo imperativo. Con estas frases el Señor nos manda (nos ordena, nos exige) vivir buscando siempre las maneras de promover su reino y luchar para que nuestros países vivan conforme a la voluntad suya. Hay muchas maneras de hacer eso, y la solidaridad y la presencia física es una de ellas.

Debemos orar por nuestros países y nuestros gobernantes, pero siempre recordando que “no basta orar”. De hecho, orar sin actuar y sin hacer lo posible, equivale a no orar. ” ¡A Dios orando, y con los dos pies dando” en la marcha!

Cuarta razón

El Antiguo Testamento nos demuestra que Dios está al lado de los pobres, los hambrientos y oprimidos, y si es así, nosotros también debemos estar al lado de ellos, físicamente, el primero de mayo.

El primer “carismático” de la Biblia fue José, “en quien mora el Espíritu de Dios” (Gn 41:38) y que profetizó por medio de sus sueños. En José se cumplió, por medio de un proyecto internacional de alimentación, la promesa que Dios hizo a Abraham, de bendecir – física y literalmente – a todos los pueblos del mundo conocido. Por medio de José se hizo la voluntad de Dios en la tierra, así como en el cielo, “para tener con vida a mucho pueblo” (Gn 50:20).

El Dios de la Biblia es el Dios de los huérfanos, las viudas, los desahuciados y los oprimidos y los hambrientos. El eje central de la vasta legislación social del pueblo hebreo era la defensa del pobre. El año de Jubileo instituía una reforma agraria cada medio siglo para comenzar de nuevo en condiciones de igualdad.[1] En la visión de la nueva creación en Isa 65, un elemento esencial es la justicia para los obreros, superando la alienación de su mano de obra (65:21-23); “No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición” será la consigna de ese nuevo orden de cosas.

Quinta razón

Mi fe cristiana, orientada por el Nuevo Testamento, revela la misma identificación con los pobres y me llama al mismo compromiso con los trabajadores. Jesús tomó para texto de su sermón inaugural un pasaje arraigado en la tradición del Jubileo (Isa 61:1-3, en Luc 4:17-19). En ese sermón anunció que venía a traer buenas nuevas a los pobres (4:18). Lucas narra también que Jesús pronunció bienaventurados a los pobres pero declaró “Ay de ustedes los ricos” (Luc 6:20,24). El evangelio de Lucas destaca temáticamente la identificación de Jesús con los de abajo (pobres, samaritanos, publicanos, leprosos, y hasta “una mujer de la ciudad”).

Es muy evidente también que San Lucas interpreta el Pentecostés en términos del Jubileo. Por eso la comunidad pentecostal “tenían todo en común y vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno” (Hch 2:45; 4:32). Nuestro sistema social y económico hoy es todo lo contrario de ese modelo pentecostal. Por eso, unirse a la marcha del primero de mayo podría ser una fiel expresión del pentecostalismo integral de San Lucas.

San Pablo dedicó el final de su ministerio a este mismo “proyecto Jubileo pentecostal” para los pobres de Jerusalén. El apóstol interpreta esta misión como la búsqueda de la misma igualdad económica que promovía la legislación hebrea del Jubileo. Para remachar el tema, Pablo emplea la palabra “igualdad” dos veces en un solo versículo (2Cor 8:14). Pero nuestra sociedad actual, especialmente después del desastre de Wall Street, maximaliza la desigualdad en vez de maximizar la igualdad.

La primera epístola de Juan, en términos sorprendentes, relaciona la práctica de la justicia económica con el nuevo nacimiento, tan central a la teología evangélica:

Si saben que él es justo, sepan también que todo el que practica la justicia es nacido de él…

El que practica la justicia es justo, como él es justo…
Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo:
el que no practica la justicia no es hijo de Dios,
ni tampoco lo es el que no ama a su hermano…
Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad,
y no tiene compasión de él,
¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él?…
(1Jn 2:29; 3:7,10,17)

Es famosa la denuncia de Santiago contra los ricos que roban los salarios de los trabajadores:

Ahora escuchen, ustedes los ricos:
¡lloren a gritos por las calamidades que se les vienen encima!
Se ha podrido su riqueza…
Oigan cómo clama contra ustedes el salario no pagado a los obreros
que les trabajaron sus campos.
El clamor de esos trabajadores ha llegado a oídos del Señor Todopoderoso.
(Stg 5:1-6)

Surge la pregunta, ¿ha llegado a oídos nuestros el clamar de los y las desempleados, de los subempleados, y los miles que reciben sueldos injustos, por debajo del salario mínimo (de por sí, también injusto), y que trabajan bajo condiciones infrahumanas?

Para responder a esa pregunta, ¡nos vemos en la marcha del primero de mayo!

 

Notas:

[1] Por épocas Israel practicaba el Jubileo, y en otras épocas, al no cumplirlo sabían que ofendían a Dios (Jer 34). Ver www.juanstam.com 18 diciembre 2007.

 

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1 Comentario

  1. Nayeli dice:

    ¡Buenísimo artículo!

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