Sep 1 2007
Temas Bíblicos

Organización en la Iglesia

Oseas F. Lira

Es en la teoría de la Administración de empresas donde mejor se ha estudiado lo referente a la Organización. Los conceptos vertidos allá pueden aplicarse en parte al interior de toda congregación de la Iglesia.

La organización –dice la teoría de la Administración– surge como consecuencia de vivir en sociedad, pero la organización se ha visto en el mundo en función de la división del trabajo entre los miembros para aumentar la productividad, lo que trae como consecuencia la especialización, la mejora de la calidad de los productos, la reducción de costos y el incremento de mayores ganancias. Todo esto, traducido a nuestro contexto religioso sería así: si nosotros como Iglesia nos organizamos, tendremos como consecuencia la especialización (mediante el uso de nuestros dones y talentos) de manera que podamos resolver con calidad los problemas que nos competan; así, lograríamos tener más y mejores cristianos; la encomienda de ir a evangelizar el mundo se nos haría más fácil de lograrla y nos costaría menos tiempo, dinero y esfuerzo.

Indudablemente la coordinación de las actividades traerá como consecuencia el logro de los objetivos. Si en una organización de personas (en este caso la Iglesia) cada uno tuviera que realizar él sólo (el pastor) todas las operaciones, todo daría al traste. Indudablemente que en toda actividad que no sea individual se necesita un determinado grado de organización.

Organización es la combinación de los medios técnicos, humanos y financieros que componen una empresa: edificios, máquinas, materiales, personas…, en función de la consecución de un fin, según las distintas interrelaciones y dependencias de los elementos que lo constituyen. En la Iglesia, la organización incluye el templo con que contamos, los hermanos asistentes, los recursos que cada uno de estos aporte, etc.

Para alcanzar los objetivos es necesario estructurar la organización adecuándola a esos objetivos y a la situación en las condiciones específicas en que se encuentre, esto es: no todas las congregaciones requieren de los mismos departamentos, en una Iglesia ubicada, por ej. en una región desértica, será de mucha ayuda formar comisiones que salgan lejos a buscar agua para los hermanos y para la población, ¿qué sentido tendría organizar un departamento carcelario en una congregación ubicada en una población donde ni siquiera hay cárcel?

La Administración de empresas dice que lo primero que debe hacerse en la organización de una empresa será la definición o descripción de los puestos de trabajo, así como la asignación de responsabilidades; posteriormente tendrá lugar el establecimiento de las relaciones de autoridad y coordinación, mediante la determinación de los niveles de jerarquía o escalas de autoridad que es lo que se llama estructura. ¿Por qué mencionar esto? Porque hay congregaciones donde la constante es que el Consejo Local quiera tomar todo el control y manejar incluso al pastor; lo mismo ocurre con mucho congregantes que piensan que son más inteligentes que sus directores de departamento, y por ello quieren tomar decisiones que no les competen. El respeto a los superiores es fundamental para que la Iglesia funcione.

Algunos principios de organización

Antes de hacer la elección de una estructura, es necesario tener en cuenta los siguientes principios:

  1. Definición de objetivos de la Iglesia.
  2. Unidad de mando: cada colaborador debe tener un solo superior. El colaborador debe saber de quién depende, y el superior debe conocer a sus subordinados. Esto contribuye a una clara asignación de órdenes, evitando interferencias.
  3. Unidad de dirección.
  4. Autoridad y responsabilidad: a mayor poder, mayor responsabilidad.
  5. Extensión del control: fijar el ámbito de autoridad.
  6. Homogeneidad de tareas.
  7. Graduación o jerarquía de la autoridad. Debe estar claramente establecido quiénes tienen la facultad de ordenar la realización de las distintas tareas.

Éstas son algunas causas por las que debe haber una organización en la Iglesia:

  • Para resolver las necesidades que haya en la congregación.
  • Para poder transmitir mejor el mensaje.
  • Para ser una Iglesia fuerte.
  • Para responder mejor a las demandas actuales de la sociedad.
  • Para sanear las áreas menos funcionales.
  • Para poder cumplir nuestra misión.
 

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