1 Sálvanos, Señor, pues ya no hay creyentes fieles,
ya no hay hombres sinceros.
2 Unos a otros se mienten;
hablan con hipocresía y doble sentido.

3 Arranca, Señor, de raíz
a los hipócritas y fanfarrones,
4 a los que dicen:
“Con tener boca nos basta;
nuestra lengua nos defiende.
¿Quién se atreve a darnos órdenes?”

5 Esto ha dicho el Señor:
“A los pobres y débiles
se les oprime y se les hace sufrir.
Por eso voy ahora a levantarme,
y les daré la ayuda que tanto anhelan.”

6 Las promesas del Señor son puras;
¡son como la plata más pura,
refinada siete veces en el horno!
7 Tú, Señor, nos cuidarás;
¡siempre nos protegerás de tales gentes!
8 Los malvados rondan por todas partes,
y todo el mundo alaba la maldad.

14 Sean aceptables a tus ojos
mis palabras y mis pensamientos,
oh Señor, refugio y libertador mío.

13 El que anda con chismes revela el secreto;
el de espíritu fiel lo guarda íntegro.

20 Sin leña se apaga el fuego,
y donde no hay chismoso cesa la contienda.

16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, 17 conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.

1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2 Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, es una persona perfecta, capaz también de refrenar todo el cuerpo. 3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves: aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! 6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. 7 Toda naturaleza de bestias, de aves, de serpientes y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; 8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. 9 Con ella bendecimos al Dios y Padre y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. 10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Del mismo modo, ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.,

ID7D es una iniciativa de miembros y simpatizantes de la Iglesia de Dios (7º día)
ID7D - Derechos Reservados © 2006 - 2018