Julio 6, 2024

1. UN PUEBLO DE SACERDOTES

[verso v=”Éxodo 19:16; 1 Pedro 2:5, 9; Apocalipsis 1:6; 5:10; 20:6″]

ÉNFASIS DE LA LECCIÓN

Todos los creyentes como sacerdotes

Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén ([verso v=”Apocalipsis 1:6″]).

OBJETIVO

Comprender la naturaleza del sacerdocio al que somos llamados los creyentes, reconociendo que Cristo nos ha hecho santos al separarnos para su servicio en el mundo.

NARRACIÓN

Dios ha tenido el anhelo de tener para sí un pueblo en el que todos sean sacerdotes. Hablar de nosotros los creyentes como sacerdotes de Dios, para muchos resultaría extraño por dos razones: 1. Porque estamos acostumbrados a ver al sacerdocio como una clase especial de gente, que fue ordenada específicamente para ello. 2. Porque relacionamos al sacerdocio con oficios litúrgicos vinculados a un templo, con sus vestimentas, sus rituales y sus oficios. Entonces pensamos, ¿un sacerdote yo?

Sin embargo, la realidad es que en Cristo puede cumplirse perfectamente el propósito de Dios de hacerse para sí un pueblo en cada persona sea un sacerdote para Él.

La importancia que tiene comprender esto es muy alta. Considerar a cada creyente como un sacerdote al servicio del Dios Altísimo, no es una cuestión menor. Y no es por una cuestión de orgullo, sino por la trascendencia y las implicaciones que tiene, y cómo puede impactar en nuestra vida como creyentes y como comunidades de fe.

Reencontrarnos con nuestra posición como sacerdotes no obedece a que andemos buscando algunos títulos para sentirnos más importantes o poderosos. Todo lo contrario, ha sido en el afán de profundizar en lo que significa una vida consagrada, que el sacerdocio arroja una gran luz.

Por lo que cabría preguntar, ¿por qué Dios expresa que su deseo es tener un pueblo de sacerdotes? ¿Qué significado tiene esto? ¿Cuál es su alcance y consecuencias?

Ahondemos, pues, en el significado que tiene esta realidad: cada uno de nosotros es un sacerdote apartado para servir delante del Rey de todo el universo.

En el pueblo de Israel no existía la idea de que todas las personas estaban dedicadas a servir a Dios. Este privilegio era de unos cuantos, a quienes se les disponían las condiciones para tal propósito: los levitas.

Solo esta tribu tenía la posibilidad de dedicarse, para ello se les impidió que tuvieran un territorio y se dieron ordenanzas para sostenerlos, de manera que no se vieran en la necesidad de hacer otra cosa para subsistir y realizar sus proyectos familiares. El sacerdocio era la única manera de ver una dedicación completa a Dios, no solo en el servicio, también en el ritmo y el estilo de vida. Su dedicación incluía todos los ámbitos de la vida: la alimentación, la vestimenta, la obediencia a la ley, el cuidado de la pureza, el aseo y cuidado de su cuerpo, su manera de relacionarse con las personas y con el entorno, entre otros. Ningún otro israelita tenía la posibilidad ni la visión de llevar una vida dedicada a Dios, mucho menos de esa manera.

Las cosas cambiaron con la llegada del Reino, el cual hace posible que cualquier persona, mediante la fe en Cristo, pueda experimentar una forma de consagración y dedicación total a Dios, sin la necesidad de separarse del mundo, sino todo lo contrario, precisamente impactando y transformándolo. Veamos.

ANÁLISIS

I. Apartados para no separarnos

La presencia del Reino trajo un cambio de enfoque respecto a la manera popular en la que se entendía la consagración. En el tiempo de Jesús, ser santo enfatizaba y privilegiaba el estar “apartado de”, por lo que el Maestro tuvo que corregir y recuperar el significado auténtico de la santidad: santo es quien se “aparta para”.

1. Los religiosos judíos buscaban la santidad apartándose de los pecadores, de las personas impuras, y de los lugares u objetos contaminados. Tal idea de separación los llevó a prácticas injustas, inhumanas, vergonzosas, abusivas, corruptas y segregantes. Aporte algunos ejemplos.

2. En medio de este panorama aparece Jesús. Su idea de santidad entró en contradicción directa con la de aquellos religiosos. Para Él, la santidad es un estar “separado para” o “dedicado a”.

a. Jesús se dedicó (santificó) en cuerpo, corazón, fuerzas, mente, sentimientos, recursos y ofreció su propia vida, para manifestar el amor y la gracia del Padre a toda persona ([verso v=”Juan 10:36; 17:19″]).

b. Él es la mejor expresión de santidad, quien, en lugar de “separarse de” las personas, se acercaba a ellas “para”. Jesús enseñó con su ejemplo que la santidad viene de Dios, quien nos apartó para servirle, y que los impuros no pueden contaminar a quien es santo, sino al contrario, tal santidad los abraza y redime cuando son alcanzados por los santos de Dios ([verso v=”1 Corintios 7:13-14″]). Mencione algunos ejemplos en los que Jesús transformó a los impuros tocándolos.

3. La santidad no es una acción nuestra, es obra de Dios; Él nos eligió y nos separó para estar a su servicio ([verso v=”Efesios 1:4; 1 Pedro 1:2; Hebreos 10:10″]). El amor, el servicio, la justicia, la paz, la compasión, la restauración y una vida de obediencia que practiquemos, que es la santificación, son una respuesta al acto de gracia; hacemos esto porque hemos sido apartados para Dios y no al revés ([verso v=”Efesios 6:22″]).

II. Un nuevo templo

El antiguo sacerdocio contaba con un templo físico ([verso v=”Hebreos 8:1-2; 9:1″]). Primero fue el Tabernáculo y posteriormente el templo construido por Salomón. Dios nunca aprobó la construcción de otro santuario hecho con manos humanas. Debido a esto, solo los levitas podían vivir como consagrados.

1. En cambio, en el Reino de Dios aquel templo perdió su utilidad y propósito, pues representaba un estorbo para los propósitos de Dios de alcanzar a las naciones. Así, el Señor decidió que aquel templo fuera destruido ([verso v=”Juan 2:18-22″]).

2. Dios levantó un nuevo templo, construido con piedras vivas, que somos todos los creyentes ([verso v=”1 Corintios 3:16-17; 1 Pedro 2:5″]).

3. El nuevo templo es espiritual y por lo tanto puede estar presente en todo el mundo y está disponible en todo tiempo y circunstancia. Ahora la gente no necesita acudir a un lugar, sino el templo de Dios puede acudir a ellos y santificarlos ([verso v=”Juan 4:19-21; 2 Corintios 6:16; Efesios 2:21″]). Opine.

III. Nueva forma de sacrificios

Al desaparecer el templo de Jerusalén, cesaron los sacrificios. Pero esta realidad no obedece solo al hecho de que ya no hay templo, sobre todo, ya no hay sacrificios porque fue ofrecido un único y suficiente sacrificio que quita la necesidad de ofrecer animales ([verso v=”Hebreos 10:10-14″]).

1. El sacrificio es una ofrenda viva ([verso v=”Romanos 5:16; 12:1″])

2. Se ofrecen sacrificios de alabanza ([verso v=”Hebreos 3:15″]); que es una vida entregada a dar testimonio de Jesús.

3. El sacrificio que agrada a Dios es hacer el bien y la ayuda mutua ([verso v=”Filipenses 4:18; Hebreos 13:16″]).

IV. Vestiduras nuevas

Las vestiduras sacerdotales consistían en un elaborado y muy cuidado traje, hecho de manera especial y con los mejores materiales. En la realidad del Reino, las vestiduras sacerdotales son las obras buenas y el testimonio fiel ([verso v=”Apocalipsis 7:9,13,14,15; 19:8″]). Opine.

V. Utensilios santos

Finalmente, un elemento a destacar es que en el sacerdocio antiguo se ocupaban utensilios y objetos dentro del templo, los cuales eran considerados santos. En la realidad del Reino, los utensilios santos son los creyentes, quienes son considerados vasos santos ([verso v=”2 Corintios 4:1-7″]). Comente.

CONCLUSIÓN

El sacerdocio en el reino de Dios, lejos de ser un oficio exclusivo, se ha convertido en una realidad para todos los creyentes en Cristo, es un estilo de vida en el que la persona se consagra al servicio a Dios. La llegada del reino de Dios ha traído una nueva forma de consagración, un nuevo templo (la comunidad), y un nuevo entendimiento de los sacrificios y las vestiduras sacerdotales. La santidad no se enfoca en la separación del mundo, sino en la dedicación a Dios para llevar a cabo su voluntad en el mundo y transformarlo. Somos llamados a ser vasos santos, viviendo en obediencia y amor, y dedicarnos nosotros mismos como ofrenda viva, esto incluye sacrificios de alabanza y buenas obras, haciendo del mundo nuestro lugar de servicio y adoración.