Recursos / Concordancia
Biblia
Los 66 libros completos, capítulo por capítulo, con Reina-Valera, Dios Habla Hoy y Nueva Versión Internacional. Busca por palabra o ve directo a una cita.
Dios Habla Hoy
1 Los hermanos de Listra y de Iconio hablaban bien de él.
2 Pablo quiso que Timoteo lo acompañara, pero antes lo hizo circuncidar para que no se ofendieran los judíos que vivían en aquellos lugares, y a que todos sabían que el padre de Timoteo era griego.
3 En todos los pueblos por donde pasaban, comunicaron a los hermanos las instrucciones dadas por los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén.
4 Así que las iglesias se afirmaban en la fe, y el número de creyentes aumentaba cada día.
5 Como el Espíritu Santo no les permitió anunciar el mensaje en la provincia de Asia, atravesaron la región de Frigia y Galacia,
6 y llegaron a la frontera de Misia. De allí pensaban entrar en la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.
7 Así que, pasando de largo por Misia, bajaron al puerto de Tróade.
8 Allí Pablo tuvo de noche una visión; vio a un hombre de la región de Macedonia, que puesto de pie le rogaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos."
9 En cuanto Pablo tuvo esa visión, preparamos el viaje a Macedonia, seguros de que Dios nos estaba llamando para anunciar allí la buena noticia.
10 Nos embarcamos, pues, en Tróade, y fuimos directamente a la isla de Samotracia, y al día siguiente llegamos a Neápolis.
11 De allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y una ciudad muy importante de esa parte de Macedonia. Allí estuvimos algunos días.
12 El sábado salimos a las afueras de la ciudad, junto al río, donde pensamos que había un lugar de oración de los judíos. Nos sentamos y hablamos del evangelio a las mujeres que se habían reunido.
13 Una de ellas se llamaba Lidia; era de la ciudad de Tiatira y vendía telas finas de púrpura. A esta mujer, que adoraba a Dios y que estaba escuchando, el Señor la movió a poner toda su atención en lo que Pablo decía.
14 Fue bautizada, junto con toda su familia, y después nos rogó:
–Si ustedes juzgan que de veras soy creyente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa.
y nos obligó a quedarnos.
15 Sucedió una vez, cuando íbamos al lugar de oración, que encontramos a una muchacha poseída por un espíritu de adivinación. Era una esclava que, adivinando, daba a ganar mucho dinero a sus amos.
16 Esta muchacha comenzó a seguirnos a Pablo y a nosotros, gritando:
–¡Estos hombres son servidores del Dios altísimo, y les anuncian a ustedes el camino de salvación!
17 Esto hizo durante muchos días, hasta que Pablo, y a molesto, terminó por volverse y decirle al espíritu que la poseía:
–En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella. En aquel mismo momento el espíritu la dejó.
18 Pero cuando los amos de la muchacha vieron que y a no tenían más esperanza de ganar dinero por medio de ella, agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron ante las autoridades, a la plaza principal.
19 Los presentaron a los jueces, diciendo:
–Estos judíos están alborotando nuestra ciudad,
20 y enseñan costumbres que nosotros no podemos admitir ni practicar, porque somos romanos.
21 Entonces la gente se levantó contra ellos, y los jueces ordenaron que les quitaran la ropa y los azotaran con varas.
22 Después de haberlos azotado mucho, los metieron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los vigilara con el mayor cuidado.
23 Al recibir esta orden, el carcelero los metió en el lugar más profundo de la cárcel y los dejó con los pies sujetos en el cepo.
24 Pero a eso de la medianoche, mientras Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los otros presos estaban escuchando,
25 vino de repente un temblor tan fuerte que sacudió los cimientos de la cárcel. En el mismo momento se abrieron todas las puertas, y a todos los presos se les soltaron las cadenas.
26 Cuando el carcelero despertó y vio que las puertas de la cárcel estaban abiertas, sacó su espada para matarse, pues pensaba que los presos se habían escapado.
27 Pero Pablo le gritó:
–¡No te hagas ningún daño, que todos estamos aquí!
28 Entonces el carcelero pidió una luz, entró corriendo y , temblando de miedo, se echó a los pies de Pablo y de Silas.
29 Luego los sacó y les preguntó:
–Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?
30 Ellos contestaron:
–Cree en el Señor Jesús, y obtendrás la salvación tú y tu familia.
31 y les hablaron del mensaje del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
32 A esa misma hora de la noche, el carcelero les lavó las heridas, y luego él y toda su familia fueron bautizados.
33 Los llevó después a su casa y les dio de comer, y él y su familia estaban muy contentos por haber creído en Dios.
34 Por la mañana, los jueces mandaron unos guardias al carcelero con orden de soltar a Pablo y a Silas.
35 El carcelero le dijo a Pablo:
–Los jueces me han ordenado que los suelte a ustedes; así que ya pueden irse tranquilos.
36 Pero Pablo dijo a los guardias:
–A nosotros, que somos ciudadanos romanos, nos azotaron públicamente sin antes habernos juzgado, y nos metieron en la cárcel; ¿y ahora quieren soltarnos a escondidas? ¡Pues no! Que vengan ellos mismos a sacarnos.
37 Los guardias hicieron saber esto a los jueces, los cuales se asustaron al oír que se trataba de ciudadanos romanos.
38 Fueron, pues, los jueces a disculparse ante Pablo y Silas, y los sacaron y les rogaron que salieran de la ciudad.
39 Al salir de la cárcel, Pablo y Silas se dirigieron a casa de Lidia, y después de ver a los hermanos y animarlos, se fueron de allí.
40 En su viaje, Pablo y Silas pasaron por Anfípolis y Apolonia, y luego llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga.