Recursos / Concordancia
Biblia
Los 66 libros completos, capítulo por capítulo, con Reina-Valera, Dios Habla Hoy y Nueva Versión Internacional. Busca por palabra o ve directo a una cita.
Dios Habla Hoy
1 También Judas, el que lo estaba traicionando, conocía el lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.
2 Así que Judas llegó con una tropa de soldados y con algunos guardianes del templo enviados por los jefes de los sacerdotes y por los fariseos. Estaban armados, y llevaban lámparas y antorchas.
3 Pero como Jesús y a sabía todo lo que le iba a pasar, salió y les preguntó:
–¿A quién buscan?
4 Ellos le contestaron:
–A Jesús de Nazaret.
Jesús dijo:
–Yo soy.
Judas, el que lo estaba traicionando, se encontraba allí con ellos.
5 Cuando Jesús les dijo: "Yo soy", se echaron hacia atrás y cayeron al suelo.
6 Jesús volvió a preguntarles:
–¿A quién buscan?
y ellos repitieron:
–A Jesús de Nazaret.
7 Jesús les dijo otra vez:
–Ya les he dicho que soy y o. Si me buscan a mí, dejen que estos otros se vayan.
8 Esto sucedió para que se cumpliera lo que Jesús mismo había dicho: "Padre, de los que me diste, no se perdió ninguno."
9 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote.
10 Jesús le dijo a Pedro:
–Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?
11 Los soldados de la tropa, con su comandante y los guardianes judíos del templo, arrestaron a Jesús y lo ataron.
12 Lo llevaron primero a la casa de Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año.
13 Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos que era mejor para ellos que un solo hombre muriera por el pueblo.
14 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, de modo que entró con Jesús en la casa;
15 pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Por esto, el discípulo conocido del sumo sacerdote salió y habló con la portera, e hizo entrar a Pedro.
16 La portera le preguntó a Pedro:
–¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro contestó:
–No, no lo soy.
17 Como hacía frío, los criados y los guardianes del templo habían hecho fuego, y estaban allí calentándose. Pedro también estaba con ellos, calentándose junto al fuego.
18 El sumo sacerdote comenzó a preguntarle a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que él enseñaba.
19 Jesús le dijo:
–Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo; siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto.
20 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que me han escuchado, y que ellos digan de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho.
21 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardianes del templo le dio una bofetada, diciéndole:
–¿Así contestas al sumo sacerdote?
22 Jesús le respondió:
–Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?
23 Entonces Anás lo envió, atado, a Caifás, el sumo sacerdote.
24 Entre tanto, Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron:
–¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro lo negó, diciendo:
–No, no lo soy.
25 Luego le preguntó uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja:
–¿No te vi con él en el huerto?
26 Pedro lo negó otra vez, y en ese mismo instante cantó el gallo.
27 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Como y a comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual y entonces no podrían comer la cena de Pascua.
28 Por eso Pilato salió a hablarles. Les dijo:
–¿De qué acusan a este hombre?
29 –Si no fuera un criminal –le contestaron–, no te lo habríamos entregado.
30 Pilato les dijo:
–Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley.
Pero las autoridades judías contestaron:
–Los judíos no tenemos el derecho de dar muerte a nadie.
31 Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir.
32 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:
–¿Eres tú el Rey de los judíos?
33 Jesús le dijo:
–¿Eso lo preguntas tú por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?
34 Le contestó Pilato:
–¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son los que te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
35 Jesús le contestó:
–Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
36 Le preguntó entonces Pilato:
–¿Así que tú eres rey?
Jesús le contestó:
–Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decirlo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.
37 Pilato le dijo:
–¿Y qué es la verdad?
Después de hacer esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos, y les dijo:
–Yo no encuentro ningún delito en este hombre.
38 Pero ustedes tienen la costumbre de que yo les suelte un preso durante la fiesta de la Pascua: ¿quieren que les deje libre al rey de los judíos?
39 Todos volvieron a gritar:
–¡A ese no! ¡Suelta a Barrabás! y Barrabás era un bandido.
40 Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo.