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Biblia
Los 66 libros completos, capítulo por capítulo, con Reina-Valera, Dios Habla Hoy y Nueva Versión Internacional. Busca por palabra o ve directo a una cita.
Dios Habla Hoy
1 En su presencia comenzaron a acusarlo, diciendo:
–Hemos encontrado a este hombre alborotando a nuestra nación. Dice que no debemos pagar impuestos al emperador, y además afirma que él es el Mesías, el Rey.
2 Pilato le preguntó:
–¿Eres tú el Rey de los judíos?
–Tú lo has dicho –contestó Jesús.
3 Entonces Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la gente:
–No encuentro en este hombre razón para condenarlo.
4 Pero ellos insistieron con más fuerza:
–Con sus enseñanzas está alborotando a todo el pueblo. Comenzó en Galilea, y ahora sigue haciéndolo aquí, en Judea.
5 Al oír esto, Pilato preguntó si el hombre era de Galilea.
6 y al saber que Jesús era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues él también se encontraba aquellos días en Jerusalén.
7 Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento, porque durante mucho tiempo había querido verlo, pues había oído hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro.
8 Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada.
9 También estaban allí los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que lo acusaban con gran insistencia.
10 Entonces Herodes y sus soldados lo trataron con desprecio, y para burlarse de él lo vistieron con ropas lujosas, como de rey. Luego Herodes lo envió nuevamente a Pilato.
11 Aquel día se hicieron amigos Pilato y Herodes, que antes eran enemigos.
12 Pilato reunió a los jefes de los sacerdotes, a las autoridades y al pueblo,
13 y les dijo:
–Ustedes me trajeron a este hombre, diciendo que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no lo he encontrado culpable de ninguna de las faltas de que lo acusan.
14 Ni tampoco Herodes, puesto que nos lo ha devuelto. Y a ven, no ha hecho nada que merezca la pena de muerte.
15 Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.
16 Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.
17 Pero todos juntos comenzaron a gritar:
–¡Fuera con ese! ¡Déjanos libre a Barrabás!
18 A este Barrabás lo habían metido en la cárcel por una rebelión ocurrida en la ciudad, y por un asesinato.
19 Pilato, que quería dejar libre a Jesús, les habló otra vez;
20 pero ellos gritaron más alto:
–¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
21 Por tercera vez Pilato les dijo:
–Pues ¿qué mal ha hecho? yo no encuentro en él nada que merezca la pena de muerte. Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.
22 Pero ellos insistían a gritos, pidiendo que lo crucificara; y tanto gritaron que consiguieron lo que querían.
23 Pilato decidió hacer lo que le estaban pidiendo;
24 así que dejó libre al hombre que habían escogido, el que estaba en la cárcel por rebelión y asesinato, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
25 Cuando llevaron a Jesús a crucificarlo, echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús.
26 Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de tristeza por él, lo seguían.
27 Pero Jesús las miró y les dijo:
–Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos.
28 Porque vendrán días en que se dirá: 'Dichosas las que no pueden tener hijos, las mujeres que no dieron a luz ni tuvieron hijos que criar. '
29 Entonces comenzará la gente a decir a los montes: '¡Caigan sobre nosotros!', y a las colinas: '¡Escóndannos!'
30 Porque si con el árbol verde hacen todo esto, ¿qué no harán con el seco?
31 También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús.
32 Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.
33 [Jesús dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."]
34 La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él, diciendo:
–Salvó a otros; que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido.
35 Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban y le daban a beber vino agrio,
36 diciéndole:
–¡Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!
37 y había un letrero sobre su cabeza, que decía: "Este es el Rey de los judíos."
38 Uno de los criminales que estaban colgados, lo insultaba:
–¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros!
39 Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole:
–¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo?
40 Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo.
41 Luego añadió:
–Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.
42 Jesús le contestó:
–Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
43 Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad.
44 El sol dejó de brillar, y el velo del templo se rasgó por la mitad.
45 Jesús gritó con fuerza y dijo:
–¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! y al decir esto, murió.
46 Cuando el capitán romano vio lo que había pasado, alabó a Dios, diciendo:
–De veras, este hombre era inocente.
47 Toda la multitud que estaba presente y que vio lo que había pasado, se fue de allí golpeándose el pecho.
48 Todos los conocidos de Jesús se mantenían a distancia; también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea
estaban allí mirando.
49 Había un hombre bueno y justo llamado José, natural de Arimatea, un pueblo de Judea. Pertenecía a la Junta Suprema de los judíos. Este José, que esperaba el reino de Dios y que no estuvo de acuerdo con lo que la Junta había hecho,
50 Había un hombre bueno y justo llamado José, natural de Arimatea, un pueblo de Judea. Pertenecía a la Junta Suprema de los judíos. Este José, que esperaba el reino de Dios y que no estuvo de acuerdo con lo que la Junta había hecho,
51 fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
52 Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana de lino y lo puso en un sepulcro excavado en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie.
53 Era el día de la preparación para el sábado, que y a estaba a punto de comenzar.
54 Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, fueron y vieron el sepulcro, y se fijaron en cómo habían puesto el cuerpo.
55 Cuando volvieron a casa, prepararon perfumes y ungüentos.
Las mujeres descansaron el sábado, conforme al mandamiento,
56 pero el primer día de la semana regresaron al sepulcro muy temprano, llevando los perfumes que habían preparado.