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Biblia
Los 66 libros completos, capítulo por capítulo, con Reina-Valera, Dios Habla Hoy y Nueva Versión Internacional. Busca por palabra o ve directo a una cita.
Dios Habla Hoy
1 Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.
2 Les dijo:
–No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni ropa de repuesto.
3 En cualquier casa donde lleguen, quédense hasta que se vayan del lugar.
4 y si en algún pueblo no los quieren recibir, salgan de él y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia.
5 Salieron ellos, pues, y fueron por todas las aldeas, anunciando la buena noticia y sanando enfermos.
6 El rey Herodes oyó hablar de todo lo que sucedía; y no sabía qué pensar, porque unos decían que Juan había resucitado,
7 otros decían que había aparecido el profeta Elías, y otros decían que era alguno de los antiguos profetas, que había resucitado.
8 Pero Herodes dijo:
–Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este, de quien oigo contar tantas cosas?
Por eso Herodes procuraba ver a Jesús.
9 Cuando los apóstoles regresaron, contaron a Jesús lo que habían hecho. Él, tomándolos aparte, los llevó a un pueblo llamado Betsaida.
10 Pero cuando la gente lo supo, lo siguieron; y Jesús los recibió, les habló del reino de Dios y sanó a los enfermos.
11 Cuando y a comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce discípulos y le dijeron:
–Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida por las aldeas y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada.
12 Jesús les dijo:
–Denles ustedes de comer. Ellos contestaron:
–No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente.
13 Pues eran unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos:
–Háganlos sentarse en grupos como de cincuenta.
14 Ellos obedecieron e hicieron sentar a todos.
15 Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y , mirando al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente.
16 La gente comió hasta quedar satisfecha, y recogieron en doce canastos los pedazos sobrantes.
17 Un día en que Jesús estaba orando solo, y sus discípulos estaban con él, les preguntó:
–¿Quién dice la gente que soy y o?
18 Ellos contestaron:
–Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres Elías, y otros dicen que eres uno de los antiguos profetas, que ha resucitado.
19 –Y ustedes, ¿quién dicen que soy? –les preguntó. Y Pedro le respondió:
–Eres el Mesías de Dios.
20 Pero Jesús les encargó mucho que no dijeran esto a nadie.
21 y les dijo:
–El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho, y será rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Lo van a matar, pero al tercer día resucitará.
22 Después les dijo a todos:
–Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.
23 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará.
24 ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?
25 Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la gloria de su Padre y de los santos ángeles.
26 Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán sin antes
27 Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un cerro a orar, acompañado de Pedro, Santiago y Juan.
28 Mientras oraba, el aspecto de su cara cambió, y su ropa se volvió muy blanca y brillante;
29 y aparecieron dos hombres conversando con él. Eran Moisés y Elías,
30 que estaban rodeados de un resplandor glorioso y hablaban de la partida de Jesús de este mundo, que iba a tener lugar en Jerusalén.
31 Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
32 Cuando aquellos hombres se separaban y a de Jesús, Pedro le dijo:
–Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pero Pedro no sabía lo que decía.
33 Mientras hablaba, una nube se posó sobre ellos, y al verse dentro de la nube tuvieron miedo.
34 Entonces de la nube salió una voz, que dijo: "Este es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo."
35 Cuando se escuchó esa voz, Jesús quedó solo. Pero ellos mantuvieron esto en secreto y en aquel tiempo a nadie dijeron nada de lo que habían visto.
36 Al día siguiente, cuando bajaron del cerro, una gran multitud salió al encuentro de Jesús.
37 y un hombre de entre la gente le dijo con voz fuerte:
–Maestro, por favor, mira a mi hijo, que es el único que tengo;
38 un espíritu lo agarra, y hace que grite y que le den ataques y que eche espuma por la boca. Lo maltrata y no lo quiere soltar.
39 He rogado a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.
40 Jesús contestó:
–¡Oh gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae acá a tu hijo.
41 Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo tiró al suelo e hizo que le diera otro ataque; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre.
42 y todos se quedaron admirados de la grandeza de Dios. Mientras todos se maravillaban de lo que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:
43 –Oigan bien esto y no lo olviden: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
44 Pero ellos no entendían lo que les decía, pues todavía no se les había abierto el entendimiento para comprenderlo; además tenían miedo de pedirle a Jesús que se lo explicara.
45 Por entonces los discípulos comenzaron a discutir quién de ellos sería el más importante.
46 Jesús, al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso junto a él
47 y les dijo:
–El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió.
Por eso, el más insignificante entre todos ustedes, ese es el más importante.
48 Juan le dijo:
–Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.
49 Jesús le contestó:
–No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a nuestro favor.
50 Cuando y a se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén.
51 Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento;
52 pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén.
53 Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron:
–Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?
54 Pero Jesús se volvió y los reprendió.
55 Luego se fueron a otra aldea.
56 Mientras iban de camino, un hombre le dijo a Jesús:
–Señor, deseo seguirte a dondequiera que vayas.
57 Jesús le contestó:
–Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.
58 Jesús le dijo a otro:
–Sígueme.
Pero él respondió:
–Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.
59 Jesús le contestó:
–Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el reino de Dios.
60 Otro le dijo:
–Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa.
61 Jesús le contestó:
–El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.
62 Después de esto, el Señor escogió también a otros setenta y dos, y los mandó de dos en dos delante de él, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.