Dios es el creador de todas las cosas. Es el único ser digno de adoración, habita en las alturas, es cercano a sus criaturas y ama eternamente.Se ha dado a conocer expresando su amor y gracia: de manera general en la creación, de forma especial mediante su palabra escrita y su más grande revelación ha sido a través de su Hijo. La importancia de revelarse está en darnos a conocer su voluntad.
El mundo es el resultado de una decisión soberana de Dios. Su creación fue sin competencia frente a un principio o poder malo. En su libertad y amor estableció el orden sobre el caos y la nada. El mundo no es de su misma naturaleza, pero es su obra buena en la cual se regocija. El Creador está comprometido con su mundo: lo creó, lo sustenta y lo hará nuevo en el futuro1.
1Génesis 1:31-2:3; Job 38:4-38; Salmo 8; 19:1-6
Dios es Santo en sentido perfecto, porque Él es El Creador y no un ser creado que tenga principio y fin1. Está aparte de toda la creación y todas las criaturas2. Esta separación también se muestra en las acciones que realiza3, pues en todo lo que hace no hay inmundicia4 y resalta de manera especial su trato comprensivo a los arrepentidos5.
1Isaías 42:5; Hechos 17:24-25; 2Deuteronomio 26:15; 1 Samuel 2:2; Salmo 11:4; 3Isaías 35:8; 4Oseas 11:9; 5Isaías 57:15
Debido a su Santidad, sólo Él es digno de ser adorado, pues adorar significa: El reconocimiento de que la vida sólo procede de Él1, la convicción de estar en sus manos2, y la rendición total a su señorío3. Esta es la verdad más importante sobre el ser de Dios4.
1Hechos 17:25; 2Salmos 23; 91; 3Deuteronomio 6:5; Mateo 4:10; Filipenses 2:11; 41 Crónicas 16:29; Mateo 4:10, Apocalipsis 4:11; 22:9
También la Santidad de Dios incluye características que ningún otro ser tiene o pueda tener: Dios es único1. Es Todopoderoso para hacer su voluntad sin cometer ningún tipo de injusticia2. Es Sabio sin comparación3. Y de una manera incompresible para nosotros, Él está presente en todos lados y en cada uno, con todo su ser4. Es celoso, es decir, exige del hombre una conducta digna de la atención que Él le concede5.
1Deuteronomio 6:3-4; 1 Samuel 2:2; Juan 17:3; 1 Corintios 8:5-6; 2Éxodo 15:11; Job 37:23; Romanos 13:1-3; Apocalipsis 16:7; 3Salmo 147:5; Romanos 16:27; 1 Corintios 1:20-25; 4Jeremías 23:24; Salmo 139:7-12; 5Éxodo 20:5; Josué 24:19
Cuando Jesús, en el evangelio de Juan, afirma que Dios es Espíritu1, nos revela que Dios habita en una dimensión inalcanzable para los seres humanos2,también quesus valores y conducta son de lo alto, en contraste con la habitación, valores y conducta de los seres humanos que pertenecen a la dimensión de abajo, es decir, terrena.
1Juan 4:24; 2Isaias 40:26; 57:15
También la afirmación: Dios es Espíritu, nos revela que Él no tiene las limitantes que tiene nuestro ser, en especial las de nuestros cuerpos. La mente humana no está en posibilidades de comprender y mucho menos de describir su ser personal. Dios no es una idea, o abstracción, no es energía pura, ni ningún otro sentido material o inmaterial pero se puede deducir que es espiritual en un sentido semejante al que Pablo plantea en 1 Corintios 15:44.
Junto a la realidad de que Dios es espíritu, está la realidad de que Dios es luz; esto significa que en su ser y en su manera de actuar no hay maldad alguna1; y que desde el principio de la creación ha estado y está por encima de ella2.
1Juan 3:19; Santiago 1:17, 1 Juan 1:5-7; 2Génesis 1:2; Juan 3:31
Dios está en una dimensión inaccesible, pero al mismo tiempo, está muy cercano a sus criaturas dándoles la posibilidad de adorarlo y de ser el centro de su vida1, pero sin ser controlado por medio de un lugar o de un rito2. La Biblia describe a Dios “caminando” junto a su pueblo, prometiendo acompañar a los que envía en la misión e interesado permanentemente en los suyos3.
1Isaías 57:15; Juan 10:10; 2Juan 4:21-24; 3Éxodo 3:12; Salmo 23:4; 145:18; Mateo 1:23; 28:20
Dios ama a los seres humanos desde antes de que estos lo conozcan; toma la iniciativa para salvarlos1 y se compromete a hacerlos sus hijos2 brindándoles un trato cálido y fiel3, dirigiéndose a sus corazones, porque es ahí, según el texto bíblico, donde está la capacidad para decidir4. Es ahí, en el corazón, donde se elige a quién y cómo amar5.
1Juan 4:9-10; 2Juan 1:12; 3Santiago 2:23; 4Génesis 6:5; Mateo 15:19; 52 Corintios 2:4; 1 Timoteo 1:5
El amor de Dioses más que un sentimiento, es un apego fundamentado en una decisión que se mantiene en todo tiempo, aún cuando los sentimientos y las circunstancias de sus criaturas cambian. Un amor que perdura, incluso cuando los creyentes mueren, pues Él afirma que sigue siendo su Dios1 y que habrá de resucitarlos2 para que disfruten eternamente su presencia3.
1Mateo 22:32; 2Romanos 8:11; 3Apocalipsis. 21:3-4
Desde los antepasados en la fe, pasando por su intervención en la vida de cada creyente y abarcando lo que hará por todos sus hijos1, Dios obra a favor de los seres humanos sin que lo merezcan2, cuando lo necesitan y a través de su Hijo3. La gracia establece con el creyente una relación de confianza y gratitud que demanda nuestro mayor esfuerzo para vivir a la altura del favor recibido4, eliminando con esto toda jactancia personal que resulta de la búsqueda de méritos5. Pues la grandeza de Dios se manifiesta especialmente en su manera de tratar a los que le dan la espalda6.
1Romanos 5:15; 1 Corintios 15:10; Filipenses. 1:6; 2Romanos 5:8; 3Juan 1:17; 1 Corintios1:4; 4Efesios 2:8-10; Romanos 4:1-4,16; 11:6; 51 Corintios 4:7; 15:10; 6Oseas 14:4
Dios se manifiesta a los seres humanos en la creación. Aunque por medio de los sentidos se puede apreciar la grandeza de la creación, sólo por la mirada de fe se puede reconocer la grandeza del Creador1, pues su existencia es una realidad inalcanzable por los medios y recursos terrenos2. Sólo la fe es el recurso que tiene el creyente para reconocer que el mundo, el lugar que hace posible la vida, fue hecho por Dios y es de Dios3. Su amor y justicia se muestran en la manera que la creación permite la vida para todos: buenos y malos4.
1Salmo 19:1; Hechos 14:15-17; Romanos 1:20; Hebreos 11:6; 2Isaías 40:28; 55:9; 1 Timoteo 6:16; 3Deuteronomio 10:14; Salmo 24:1-2; 4Mateo 5:45
Dios se ha revelado de manera especial en su palabra
Dios ha querido revelarse de manera especial por medio de la Escritura, ella da testimonio fiel de su voluntad, carácter y propósito. Ningún otro documento posee esta categoría1.
1Salmo 78:5-7; Apocalipsis 21:5
Dios, se ha revelado de manera perfecta en la persona de nuestro Señor Jesucristo; Él es la culminación del proceso de revelación de la voluntad, carácter y propósito de Dios en la historia, que ha pasado por lo general y especial a lo pleno y definitivo1.
1Juan 1:14,18; 14:9-11; 2 Corintios 4:4; Colosenses 1:15-19; Hebreos 1:1-3
Dios supera el abismo que lo separa de los seres humanos, haciendo posible que ellos lo conozcan, no en su plenitud1, pero sí lo necesario para que, por medio de la Biblia, comprendan su voluntad y la pongan por obra2. Para que la lectura de la Biblia tenga impacto en la vida, es requisito indispensable que el lector no sólo la lea, sino que la escuche3, es decir, que crea en lo que está escrito, de no hacerlo así, el lector, no obstante que la escudriñe profundamente, puede no llegar a tener fe y rechazar la revelación de Dios4.
11 Corintios 13:12; 2Jeremías 9:24; 22:15-16; 3Romanos 10:17; Santiago 1:22-25; 4Juan 5:39; Apocalipsis 1:3; 2:7