La predicación es uno de los ministerios más sagrados y trascendentes en la vida de la iglesia. Por medio de ella, Dios comunica su voluntad, consuela al afligido, exhorta al creyente y revela el plan de salvación al mundo. Desde los profetas del Antiguo Testamento hasta los apóstoles de Cristo, la proclamación de la Palabra ha sido el medio escogido por el Señor para hablar al corazón humano.
Este manual nace con el propósito de fortalecer el ministerio de la predicación en la Iglesia de Dios (7o. día), donde en cada culto el pueblo de Dios se reúne para escuchar la voz divina. No se trata solo de enseñar técnicas de oratoria, sino de formar expositores espirituales, éticos y preparados, capaces de transmitir fielmente el mensaje de la Escritura con reverencia, claridad y poder.
El expositor bíblico no es un orador profesional, sino un siervo. Su tarea no consiste en entretener, sino en edificar. Cada vez que se coloca frente a la congregación, presta su voz a Dios y se convierte en un canal por el cual fluye la gracia celestial. Por eso, este ministerio requiere no solo conocimiento bíblico, sino también una vida de consagración, disciplina y dependencia del Espíritu Santo.
A través de los distintos capítulos, este manual guía al estudiante desde los fundamentos espirituales del llamado, hasta los aspectos prácticos de la exposición bíblica. Se abordan temas como la preparación del mensaje, la ética del expositor, la guía del Espíritu Santo, el uso adecuado de la palabra, la actitud en el púlpito y el carácter del siervo que predica.
Cada lección busca no solo enseñar, sino también formar el corazón del predicador, recordándole que la autoridad espiritual no proviene de la elocuencia, sino de la comunión con Dios. Una predicación guiada por el Espíritu de Dios nace en la oración, se sostiene en la verdad bíblica y se refleja en una vida íntegra.
Este material puede ser utilizado tanto por ministros experimentados que deseen capacitar a nuevos predicadores, como por jóvenes que sienten el llamado de Dios a proclamar su Palabra. En todos los casos, el objetivo es el mismo: que cada expositor pueda decir con el apóstol Pablo,
“No me propuse saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2)