Cualidades de un director de cultos

Las cualidades que debe cultivar un director de cultos incluyen: salud física y mental, simpatía y buen trato, preparación intelectual, entusiasmo, perseverancia, buena reputación, devoción sincera a la obra del Señor y capacidad de expresión.

No se trata de excluir del servicio a quienes sientan que no poseen todas estas virtudes, sino de mostrar un camino de crecimiento. El Espíritu Santo es quien capacita y fortalece a todo aquel que busca servir con sinceridad y oración.

“Y el Dios de paz os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo.” (Hebreos 13:21)

Salud física y mental

El director debe procurar cuidar su salud, ya que una voz cansada, un cuerpo enfermo o un ánimo irritable afectan directamente su servicio. La congregación espera de él ánimo y fortaleza.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16)

Simpatía y buen trato (atractivo personal)

El entusiasmo, entendido como un fervor espiritual sincero, es una cualidad indispensable en el director. Un espíritu apagado o indiferente difícilmente inspirará a la congregación; en cambio, un director que refleja gozo en el Señor contagia fe, ánimo y disposición para la adoración.

Es importante aclarar que entusiasmo no significa convertirse en un animador. El director no está frente a un público para dar un espectáculo, sino delante de una congregación para guiar un culto a Dios. Su tarea no es provocar euforia momentánea, sino conducir con reverencia y alegría genuina a una participación consciente y edificante.

“El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate.” (Proverbios 15:13)

Preparación intelectual

El director debe ser estudioso de la Palabra y estar en constante superación. No se requiere un título académico, pero sí la disciplina de aprender, leer, investigar y meditar.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (2 Timoteo 2:15)

Entusiasmo

El entusiasmo, entendido como un fervor espiritual sincero, es una cualidad indispensable en el director. Un espíritu apagado o indiferente difícilmente inspirará a la congregación; en cambio, un director que refleja gozo en el Señor contagia fe, ánimo y disposición para la adoración.

Es importante aclarar que entusiasmo no significa convertirse en un animador. El director no está frente a un público para dar un espectáculo, sino delante de una congregación para guiar un culto a Dios. Su tarea no es provocar euforia momentánea, sino conducir con reverencia y alegría genuina a una participación consciente y edificante.

“Nunca os faltéis de celo; servid al Señor.” (Romanos 12:11)

Perseverancia

El director encontrará críticas, obstáculos o desánimos, pero no debe rendirse. La perseverancia muestra madurez y carácter.

“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” (Gálatas 6:9)

Buena reputación

El testimonio es esencial. La reputación es lo que otros ven, pero el carácter es lo que realmente somos. Un director debe ser íntegro en su vida pública y privada.

“Es necesario que el obispo sea irreprensible…” (1 Timoteo 3:2a)

Devoción y fe sincera

La cualidad más importante: una fe viva en Cristo y amor por su obra. La hipocresía arruina cualquier servicio; la sinceridad edifica.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8)

Capacidad de expresión

El director debe comunicarse con claridad, sencillez y seguridad. Su voz, tono y palabras deben invitar a la participación y mantener la atención de la congregación.

Es importante que no dependa de leer el programa letra por letra. El director debe reflexionarlo previamente, asimilar cada parte y expresarse con naturalidad, de modo que sus palabras fluyan con elocuencia y vida. La lectura mecánica transmite frialdad y puede apagar el fervor de la congregación, mientras que una comunicación vivencial inspira confianza, participación y reverencia.

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” (Colosenses 4:6)

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