Anexo 4
Recomendaciones para el uso de música, micrófono, sonido y multimedia en el culto
El culto cristiano debe ser un espacio de adoración reverente, en el cual cada recurso —ya sea musical, técnico o visual— se utilice como instrumento para glorificar a Dios y edificar a la iglesia. La excelencia no significa ostentación, sino orden y cuidado en todo lo que hacemos para el Señor.
“Pero hágase todo decentemente y con orden.” (1 Corintios 14:40).
La música en el culto
La música es un medio poderoso para expresar adoración, instruir en la Palabra y fortalecer la fe de la congregación. Sin embargo, debe seleccionarse con discernimiento espiritual.
- Contenido bíblico y teológico: Los himnos y cantos deben reflejar fielmente la doctrina cristiana, exaltando a Cristo y edificando al creyente.
- Equilibrio entre tradición y novedad: Los himnos clásicos fortalecen la memoria doctrinal; los cantos actuales, cuando son bíblicos, enriquecen la expresión congregacional.
- Ejemplo práctico: Evitar cantos centrados solo en emociones pasajeras y preferir aquellos que declaran verdades eternas como “La Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros…” (Colosenses 3:16).
El micrófono y la voz
El micrófono es una herramienta de servicio, no un medio de protagonismo.
- Mantenga siempre una distancia adecuada para evitar ruidos, soplidos o saturación.
- Hable con naturalidad y claridad, recordando que la tecnología es un apoyo y no sustituye la autoridad espiritual del mensaje.
- Ejemplo: Antes de iniciar, haga una breve prueba de sonido en privado, no durante el culto, para no interrumpir el ambiente de reverencia.
El sonido en general
El volumen y la calidad del sonido influyen directamente en la atención y disposición de los oyentes.
- Evite excesos: Un volumen demasiado alto cansa y distrae; uno muy bajo impide que la Palabra llegue con claridad.
- Cuidar el balance: La voz debe predominar sobre los instrumentos. El propósito no es exhibir música, sino que todos participen en la adoración.
- Texto bíblico: “Alabadle con salterio y arpa… todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.” (Salmo 150:3,6). La música es para la alabanza de Dios, no para lucimiento humano.
El uso de pantallas y multimedia
Las herramientas visuales pueden enriquecer la adoración cuando se usan con responsabilidad.
- Apoyo, no sustituto: Las pantallas deben servir de apoyo a la adoración (letras de himnos, citas bíblicas, imágenes sobrias), nunca para reemplazar la participación activa de la congregación.
- Sencillez y reverencia: Evite colores estridentes, animaciones innecesarias o imágenes distractoras. La atención debe permanecer en Dios, no en la tecnología.
- Ejemplo: Al proyectar la letra de un himno, usar un fondo sobrio y legible, sin imágenes que opaquen el sentido espiritual del canto.
El peligro del espectáculo
El culto no es un concierto ni una producción artística, sino un encuentro santo con Dios.
- Cuando la música, las luces o la tecnología ocupan el centro, se corre el riesgo de desplazar al verdadero protagonista: Cristo.
- Recuerde: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.” (Mateo 4:10).
Consejos prácticos finales
- Antes del culto, revisar todo el equipo para evitar interrupciones innecesarias.
- Designar a personas responsables y capacitadas en sonido y multimedia.
- Enseñar a la congregación a cantar con entendimiento, no solo dejarse llevar por el volumen de los instrumentos.
- En iglesias pequeñas sin muchos recursos, dar prioridad a la reverencia y la claridad: un himno bien entonado y una voz clara edifican más que cien pantallas.
Conclusión
La música, el micrófono, el sonido y la multimedia son siervos del culto, no sus protagonistas. Bien usados, facilitan la adoración y fortalecen la unidad de la iglesia; mal usados, distraen y pueden convertir la reunión en espectáculo. La excelencia espiritual exige orden, reverencia y el deseo sincero de que en todo se glorifique a Dios.