La apertura del culto

Los elementos constitutivos del culto

Un programa de adoración es un plan espiritual organizado que guía el desarrollo del culto y la participación de la congregación. Aunque cada iglesia puede variar en algunos detalles, los elementos más comunes son:

  • La apertura.
  • Himnos, estribillos y cantos.
  • La oración congregacional.
  • La lectura bíblica.
  • La ofrenda y el diezmo.
  • Los avisos.
  • El sermón.
  • La bendición final.
  • El postludio.

Cada parte debe contribuir a que los congregantes se acerquen a Dios con reverencia, recogimiento y espíritu de adoración. La Biblia enseña:

“Pero hágase todo decentemente y con orden.” (1 Corintios 14:40)

La Apertura del culto

Los primeros momentos de un programa de adoración son de suma importancia, pues en ellos se establece el tono espiritual de todo el servicio. Una apertura bien planificada ayuda a que la congregación deje las distracciones y entre con reverencia en la presencia de Dios.

En la apertura se incluyen tres elementos principales: el preludio musical, el llamamiento a la adoración y la invocación pastoral.

Preludio musical

La Biblia enseña el valor de la música en la adoración.

“Alabad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.” (Salmo 33:2-3)

La música dispone el corazón, aquieta la mente y dirige el espíritu hacia Dios. Ningún otro recurso despierta tan profundamente el espíritu de adoración como un preludio bien elegido.

  • Cuando hay instrumentos (piano, teclado, guitarra, violín, etc.), puede ejecutarse un himno, un estribillo o un fragmento musical con espíritu reverente.
  • Cuando no hay músicos, puede recurrirse a música grabada o incluso a un canto a capela sencillo.
  • El propósito no es el lucimiento personal, sino crear un ambiente de reverencia. Tanto los músicos como la congregación deben recordar que la gloria pertenece solo a Dios.

Durante el preludio, los presentes pueden aprovechar para orar en silencio, meditar en la Palabra o disponerse interiormente para participar del culto.

Llamamiento a la adoración

Después del preludio, el director invita a los congregantes a enfocar su corazón en el Señor. Con esta parte inicia formalmente el culto.

El llamamiento puede realizarse de diferentes maneras:

  • Con un texto bíblico, como: “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.” (Salmo 95:1)
  • Con una estrofa de himno o estribillo, ya sea leída o cantada.
  • Con una poesía o breve reflexión, acompañada de música suave.

Cuando no hay instrumentos ni recursos musicales, bastan unas palabras sencillas, pero llenas de fervor, que recuerden a la congregación que hemos venido a adorar al único Dios verdadero.

El llamamiento no es un formalismo: es una invitación consciente a dejar lo secular y a entrar en lo sagrado, en comunión con el Señor.

Invocación u oración de ofrecimiento

La invocación es una oración breve y reverente en la que el director presenta el culto a Dios y pide Su dirección. Es también conocida como oración inicial, oración de presentación, oración de ofrecimiento o invocación pastoral.

Su propósito es reconocer que todo lo que se hará a continuación será para la gloria de Dios y bajo Su guía:

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:6)

Esta oración debe ser sincera, sencilla y centrada en Dios, sin buscar adornos innecesarios. A través de ella, la iglesia ofrece su adoración y pide la presencia del Señor en todo el culto.

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