Un programa de adoración es un plan espiritual organizado que guía el desarrollo del culto y la participación de la congregación. Aunque cada iglesia puede variar en algunos detalles, los elementos más comunes son:
Cada parte debe contribuir a que los congregantes se acerquen a Dios con reverencia, recogimiento y espíritu de adoración. La Biblia enseña:
“Pero hágase todo decentemente y con orden.” (1 Corintios 14:40)
Los primeros momentos de un programa de adoración son de suma importancia, pues en ellos se establece el tono espiritual de todo el servicio. Una apertura bien planificada ayuda a que la congregación deje las distracciones y entre con reverencia en la presencia de Dios.
En la apertura se incluyen tres elementos principales: el preludio musical, el llamamiento a la adoración y la invocación pastoral.
La Biblia enseña el valor de la música en la adoración.
“Alabad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.” (Salmo 33:2-3)
La música dispone el corazón, aquieta la mente y dirige el espíritu hacia Dios. Ningún otro recurso despierta tan profundamente el espíritu de adoración como un preludio bien elegido.
Durante el preludio, los presentes pueden aprovechar para orar en silencio, meditar en la Palabra o disponerse interiormente para participar del culto.
Después del preludio, el director invita a los congregantes a enfocar su corazón en el Señor. Con esta parte inicia formalmente el culto.
El llamamiento puede realizarse de diferentes maneras:
Cuando no hay instrumentos ni recursos musicales, bastan unas palabras sencillas, pero llenas de fervor, que recuerden a la congregación que hemos venido a adorar al único Dios verdadero.
El llamamiento no es un formalismo: es una invitación consciente a dejar lo secular y a entrar en lo sagrado, en comunión con el Señor.
La invocación es una oración breve y reverente en la que el director presenta el culto a Dios y pide Su dirección. Es también conocida como oración inicial, oración de presentación, oración de ofrecimiento o invocación pastoral.
Su propósito es reconocer que todo lo que se hará a continuación será para la gloria de Dios y bajo Su guía:
“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:6)
Esta oración debe ser sincera, sencilla y centrada en Dios, sin buscar adornos innecesarios. A través de ella, la iglesia ofrece su adoración y pide la presencia del Señor en todo el culto.