La lectura de la Biblia es uno de los momentos más solemnes y significativos del culto. No se trata de un trámite, sino de una oportunidad para escuchar directamente la voz de Dios. Por eso, requiere preparación espiritual y práctica.
El mensaje bíblico sigue un camino muy especial:
Por eso, leer bien la Biblia es predicar con la voz, sin añadir palabras humanas.
La Biblia es la Palabra de Dios. Nunca debe manejarse con descuido ni con excesiva informalidad. Quien lee debe hacerlo con una actitud reverente, consciente de que no está leyendo cualquier libro, sino el mensaje eterno del Señor.
El pasaje debe escogerse con anticipación y con propósito:
Antes de leer, es recomendable una breve oración, pidiendo que el Espíritu Santo abra el entendimiento de todos para recibir el mensaje de la Palabra.
El anuncio debe hacerse de manera clara y motivadora, para que la congregación escuche con expectativa. Puede utilizar frases como:
Nota: Al referirse a los Evangelios, use la forma correcta: Evangelio según Mateo, Marcos, Lucas o Juan. No es correcto decir “San Mateo” o “San Juan”, ya que la santidad pertenece solo a Jesucristo.
Un himno que exalte la Biblia o una breve exhortación también pueden ayudar a introducir la lectura con solemnidad y gozo.
Quien lee debe hacerlo con cuidado y preparación:
Existen diferentes formas de realizar la lectura:
Para evitar la rutina, de vez en cuando puede usarse otra versión bíblica reconocida y confiable. Esto ayuda a aclarar palabras difíciles o nombres poco comunes, y enriquece la comprensión del texto.
Es recomendable avisar con anticipación a la persona que hará la lectura, para que pueda preparar su expresión, practicar la entonación y comprender bien el pasaje.