El sermón y su preparación
El sermón no es un simple discurso: es la proclamación de la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo, con el propósito de alimentar, exhortar y guiar a la congregación. Aunque la homilética estudia en detalle su estructura, aquí nos enfocaremos en los aspectos prácticos que debe cuidar el predicador al momento de exponer el mensaje.
Recordemos que el púlpito no es un escenario de espectáculo, sino un lugar santo donde se anuncia la verdad de Dios. La preparación del sermón, la vida del predicador y su manera de presentarlo influyen profundamente en cómo la iglesia recibe la Palabra.
“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Timoteo 4:2)
Preparación espiritual del predicador
El mensaje no comienza en los libros ni en las notas, sino en el corazón del siervo de Dios.
- Orar antes de escribir o seleccionar el pasaje.
- Pedir al Señor discernimiento sobre la necesidad de la congregación.
- Evitar predicar motivado por enojos, rivalidades o asuntos personales.
- Recordar que el predicador primero debe vivir la Palabra antes de compartirla.
Correcto: “Señor, háblame a mí primero, para que yo pueda hablar con humildad a tu pueblo.”
Incorrecto: preparar un sermón para “responder” a alguien o “corregir” desde el púlpito.
Preparación del mensaje
- El sermón debe ser claro, ordenado y con un propósito definido.
- Evitar improvisaciones excesivas que pueden llevar a la confusión o irreverencia.
- Dedicar tiempo a la lectura, estudio y meditación del pasaje.
- Usar ilustraciones o ejemplos sencillos que refuercen el tema, sin distraer ni convertir el púlpito en un escenario de anécdotas personales.
Apariencia y presentación personal
Aunque Dios mira el corazón, la congregación percibe lo externo. La limpieza, el orden y un buen vestir inspiran respeto y ayudan a dar solemnidad al momento.
- Vestimenta sobria, digna y limpia.
- Evitar extravagancia o ropa descuidada.
- El arreglo personal no es para aparentar, sino para honrar el ministerio.
Duración y administración del tiempo
La Palabra debe predicarse con libertad, pero también con prudencia.
- La duración sugerida es de 35 a 45 minutos.
- Un mensaje demasiado corto puede ser incompleto, y uno demasiado largo puede fatigar a la congregación y restar impacto.
- Recordar que la obra no depende de la cantidad de palabras, sino de la acción del Espíritu Santo.
Actitud y postura en el púlpito
El cuerpo comunica tanto como las palabras.
- Mantener una postura erguida, segura y respetuosa.
- Evitar movimientos bruscos o exagerados.
- No pasearse nerviosamente ni jugar con el micrófono, la Biblia o cualquier objeto.
La voz y el uso del tono
- Hablar con claridad, firmeza y buena dicción.
- Usar pausas para dar espacio a la reflexión.
- No gritar innecesariamente ni hablar demasiado rápido.
- Variar la entonación para evitar monotonía, pero sin dramatizar.
Correcto: leer un pasaje con calma, enfatizando palabras clave.
Incorrecto: hablar tan rápido que la congregación no alcanza a seguir.
Lenguaje reverente
- Evitar expresiones vulgares, chistes o bromas que rompan la solemnidad del culto.
- No usar frases de espectáculo como “¡quiero oír ese amén fuerte!” o “¡arriba ese ánimo!”.
- El lenguaje debe ser bíblico, edificante y comprensible para todos.
Exhortación con amor
La exhortación es parte del mensaje, pero debe hacerse con ternura y compasión, no con enojo o amenazas.
Correcto: llamar al arrepentimiento recordando la gracia de Cristo.
Incorrecto: reprender a la congregación con dureza o con un tono autoritario.
Semblante y contacto visual
- El rostro del predicador debe reflejar paz, sinceridad y amor.
- La mirada no debe fijarse en un solo punto ni evadir a la congregación.
- Hacer contacto visual transmite interés genuino y cercanía espiritual.
Conducta y ejemplo
El predicador debe ser modelo de reverencia durante todo el culto.
- Evitar jugar con objetos, doblar papeles o manipular cosas mientras predica.
- Mostrar cortesía al referirse a los hermanos.
- Ser coherente: lo que se predica debe vivirse.
Después del sermón
El mensaje de la Palabra debe quedar como la última impresión espiritual.
- Evitar dar avisos o noticias inmediatamente después.
- Si es necesario, delegar los anuncios a otra parte del programa.
- El cierre del sermón debe conducir a la reflexión, la oración o la invitación a recibir la gracia del Señor.
“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21)