La comunicación oral es una de las herramientas principales de un director de culto. No se trata solo de “decir palabras”, sino de guiar con ellas a la congregación hacia la adoración en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Cada frase, cada silencio, cada gesto debe ayudar a mantener la reverencia, la claridad y la unidad.
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24).
Este capítulo reúne principios prácticos y ejemplos que ayudarán al director a expresarse con seguridad, sencillez y espiritualidad, evitando errores comunes que distraen o debilitan la adoración.
El director debe procurar que su voz sea clara, audible y bien proyectada, sin necesidad de gritar. Una voz confusa o apagada corta el fluir de la adoración.
Correcto: Antes de iniciar, hacer una breve oración personal y realizar ejercicios de respiración para controlar tono y volumen.
Ejemplo: “Paz a vos, damos inicio a nuestro culto de adoración…”
“Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene.” (Proverbios 25:11).
No se debe hablar ni demasiado rápido, que impida comprender, ni demasiado lento, que aburra o distraiga. La buena dicción asegura que todos entiendan las instrucciones y la lectura bíblica.
Correcto: “Recordemos que mañana a las siete de la noche tendremos nuestro culto de oración.” (Dicho pausadamente y con énfasis en lo importante).
Incorrecto: “Recuerden que mañana a lasiete tenemoselcultodeoración.” (Rápido y sin pausas).
No todo se resuelve con hablar. El silencio breve, en el momento adecuado, puede ser más elocuente que mil palabras. Las pausas son recursos de comunicación que transmiten solemnidad y permiten al oyente asimilar lo dicho.
Ejemplo: Al leer Salmo 23, detenerse después de cada versículo: “Jehová es mi pastor; nada me faltará…” (pausa).
El director no debe dirigir su comunicación únicamente a sus notas o al micrófono, sino mirar con serenidad a la congregación. La mirada transmite seguridad y conexión espiritual.
Ejemplo: Mientras se invita a cantar, levantar la vista y mirar a la congregación con gozo: “Hermanos, adoremos juntos al Señor.”
Incorrecto: Leer sus apuntes todo el tiempo sin levantar la vista.
El cuerpo también comunica. Una postura recta, firme pero humilde, refleja reverencia y autoridad espiritual. Evítese balancearse, cruzar los brazos o mostrarse indiferente.
Ejemplo: Al dar la bienvenida, pararse erguido, con un semblante amable, y extender ligeramente las manos en gesto de apertura.
Incorrecto: Permanecer encorvado o con las manos en los bolsillos.
El director guía un culto a Dios, no un espectáculo. El tono debe ser sobrio y espiritual, sin exageraciones teatrales ni humor fuera de lugar.
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” (Colosenses 4:6).
El micrófono debe ser una ayuda, no un estorbo.
Correcto: mantenerlo a 10–15 cm y hablar con tono natural.
Incorrecto: golpearlo o soplarle para probarlo, o pegarlo demasiado a la boca.
Ejemplo adecuado: “Prueba de sonido… paz a vos, hermanos.”
El saludo inicial marca el tono del culto. Debe ser breve, espiritual y hospitalario.
En nuestra iglesia, el saludo es “Paz a vos”, en armonía con la expresión del Señor Jesucristo resucitado.
“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” (Juan 20:19).
Correcto:
Incorrecto:
El director conduce de un punto a otro con frases de transición claras y breves.
Correcto:
Incorrecto:
Consejo: lleva el programa anotado con frases preparadas de enlace.
Leer la Biblia con respeto y sentido, usando pausas y entonación.
Correcto: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar.”
Incorrecto: Leer rápido y sin pausas: “Jehováesmipastornadamefaltaráenlugaresdedelicadospastosmeharádescansar.”
Consejo: Si no hay tiempo para que la congregación busque el texto, puede decir: “Escuchemos esta lectura en el Salmo 100, que nos recuerda la alegría de venir a la presencia de Dios.”
La oración es parte fundamental del culto. Debe ser clara, sencilla y participativa. No se debe convertir en sermón ni en reprensión encubierta.
Correcto: “Señor, gracias por reunirnos. Ayúdanos a adorarte con un corazón sincero.”
Incorrecto: “Señor, Tú sabes que muchos aquí no oran ni leen la Biblia, y eso no está bien…”
Cuando el director termina su programa y da paso al pastor, no debe sonar a una despedida personal (“de mi parte es todo”), sino a una transición reverente que conduzca a la oración final y a la bendición pastoral.
Correcto:
Incorrecto:
El director no es el centro del culto, sino un guía. Su misión es llevar a la congregación a Dios.
Correcto: intervenciones breves, enfocadas en la adoración.
Incorrecto: hablar demasiado, dar testimonios personales en cada punto, hacer chistes.
En ocasiones, el director observa que la congregación no canta con el entusiasmo esperado o no sigue ciertas expresiones del canto (como levantar las manos o saludar a los hermanos). La reacción equivocada es culpar, regañar o reprender a los hermanos, olvidando que cada iglesia tiene sus costumbres y expresiones culturales.
Incorrecto:
Estas frases no edifican; por el contrario, generan incomodidad, culpabilidad o resistencia. El director no está para forzar la adoración, sino para guiar con reverencia y amor, recordando que la verdadera respuesta nace del corazón y es obra del Espíritu Santo.
Correcto:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24).
Una muletilla es una palabra o expresión que se repite de manera automática y sin aportar sentido. Las muletillas cansan y distraen.
Incorrecto:
Ninguna de estas es mala en sí, pero repetidas constantemente muestran pobreza de recursos verbales y quitan solemnidad. El director debe entrenarse para eliminarlas.
Consejo: Hable con frases cortas y directas. Si necesita unos segundos para ordenar sus ideas, guarde silencio en vez de llenar con muletillas.
Masticar chicle o comer dulces mientras se dirige un culto transmite descuido y falta de reverencia. Aunque algunos lo hacen por costumbre, otros para controlar los nervios o como pretexto para “liberar la garganta”, lo cierto es que el efecto en la congregación es negativo: distrae, resta solemnidad y proyecta una imagen poco seria del ministerio.
Correcto: Pasar al púlpito o atril con la mente y el cuerpo preparados, confiando en la guía del Señor y evitando cualquier elemento que reste dignidad.
Incorrecto: Masticar chicle mientras se da una indicación, hablar con un dulce en la boca o manipular envolturas en medio del programa.
Recomendación: Si el director siente resequedad en la garganta, lo más apropiado es tomar un poco de agua antes de iniciar su participación. El cuidado personal debe hacerse en privado; en el púlpito debe prevalecer la sobriedad y el respeto al Señor y a la congregación.
El director debe cuidar que sus palabras transmitan respeto y solemnidad, evitando expresiones vulgares, coloquiales o de mando brusco.
Mejor guarde un breve silencio y luego hable con claridad.
El culto no es un escenario de entretenimiento, sino un espacio de reverencia.
El director de culto no es un animador de escenario ni un presentador de concierto. Su función no es medir el entusiasmo de la congregación con frases de ánimo forzado, sino guiar en reverencia y claridad hacia la adoración genuina. Expresiones propias de espectáculos o de eventos sociales desvían la atención del Señor y convierten la alabanza en un ejercicio superficial de respuesta emocional.
A continuación, algunos ejemplos comunes de frases inadecuadas y su alternativa apropiada:
Incorrecto (frases de espectáculo)
Correcto (formas reverentes y edificantes)
El énfasis nunca debe estar en la intensidad del canto, sino en el corazón que lo ofrece a Dios.
Cada culto tiene su propio carácter y el director debe ajustar su forma de hablar y dirigir según el momento. No todos los cultos requieren el mismo tono.
Lenguaje reverente pero animado, orientando a la gratitud, la alabanza y la exhortación.
Ejemplo: “Paz a vos. Iniciamos con gozo nuestro culto, recordando la fidelidad de Dios.”
Lenguaje sencillo, íntimo y recogido, que motive a la oración sincera.
Ejemplo: “Estamos aquí para buscar el rostro del Señor. Dispongamos el corazón para orar.”
Lenguaje más dinámico, pero siempre respetuoso. Nunca trivial ni ligero.
Ejemplo: “Damos gracias al Señor por la vida y el entusiasmo de nuestros jóvenes. Acompañémoslos con reverencia en este culto.”
Lenguaje sobrio, profundo y sin añadiduras innecesarias.
Evitar bromas, exageraciones o frases emocionales vacías.
Correcto: “Nos acercamos al momento más solemne de nuestro culto: el memorial de la Cena del Señor. Examinemos cada uno nuestro corazón delante de Dios.”
Incorrecto: “Hermanos, ya vamos a pasar a la parte más importante, pongámonos contentos porque vamos a participar del pan y la copa.” (Lenguaje trivial y superficial).
Consejo: El tono de voz, las palabras y hasta la velocidad al hablar deben reflejar el carácter de cada culto.