La alabanza congregacional: Salmos, himnos, cantos y estribillos
Definiciones para claridad
- Salmos: son los cánticos inspirados por el Espíritu Santo y recogidos en el libro de los Salmos. Constituyen la primera colección oficial de himnos del pueblo de Israel. Se usaban en el Templo, en fiestas y en momentos de oración personal. Muchos de ellos fueron entonados por siglos en la iglesia primitiva y aún hoy deberían ocupar un lugar de honor en la adoración cristiana. Ejemplos: Salmo 23, Salmo 100, Salmo 117, Salmo 121, Salmo 134.
- Himnos: composiciones poéticas y musicales de profunda riqueza bíblica y doctrinal, escritas para la adoración congregacional. Sus letras están cargadas de enseñanza, exhortación y exaltación a Dios. Ejemplo: Himno 229: Castillo fuerte es nuestro Dios.
- Cantos: expresiones musicales más recientes, generalmente de autoría contemporánea, con mensajes bíblicos y edificantes, aunque con variedad en su profundidad. Son valiosos cuando mantienen fidelidad a la Palabra y promueven la devoción.
- Estribillos: piezas breves, de fácil repetición, que suelen enfatizar una sola idea o frase. Útiles para momentos de júbilo, dinámicas o enseñanza a niños, pero no deben sustituir al himno como base de la alabanza congregacional.
Cuidando la profundidad en el canto
En las últimas décadas, muchas congregaciones se han inclinado casi exclusivamente a cantos modernos y estribillos. Si bien estos pueden animar por su ritmo y sencillez, corren el peligro de debilitar la vida espiritual de la iglesia si se descuidan los himnos y los salmos.
Los himnos han nutrido a generaciones con doctrina, consuelo y reverencia. Los salmos son Palabra inspirada de Dios y fueron cantados incluso por Cristo y sus apóstoles (Mateo 26:30). El director debe procurar un equilibrio saludable:
- Los himnos y salmos como fundamento.
- Los cantos y estribillos como complemento prudente.
¿Toda música cristiana es para el culto?
No toda música cristiana tiene como fin el culto congregacional. Podemos distinguir:
- Música congregacional: sencilla, bíblica y apta para que toda la iglesia participe (Efesios 5:19).
- Música devocional/personal: expresiones íntimas que fortalecen la fe individual (Salmo 104:33).
- Música de enseñanza: útil para niños o nuevos creyentes, con fines didácticos (Colosenses 3:16).
- Música evangelística/testimonial: compuesta para alcanzar a los no creyentes (Éxodo 15:20-21).
- Música de inspiración general: cristiana en esencia, pero no diseñada para el culto, sino para conciertos, grabaciones o la vida cultural de la iglesia.
Por ello, el director debe evitar que el culto se convierta en un “escenario musical”, y asegurarse de que la selección sirva a la congregación en adoración comunitaria.
Más allá del gusto personal
La música es un don de Dios y un poderoso medio de edificación. Pero el hecho de que una canción sea “cristiana” no significa automáticamente que sea apropiada para el culto.
En el servicio congregacional, la prioridad es que toda la iglesia pueda cantar unida, con entendimiento y reverencia. No se trata de gustos personales ni de modas musicales, sino de escoger aquello que glorifique a Dios y edifique al pueblo.
El director, como guía de la adoración, debe recordar siempre:
- Escoger lo que exalte al Señor, no al hombre.
- Equilibrar tradición y frescura sin perder la doctrina.
- Afirmar la riqueza de los salmos e himnos, sin despreciar lo bueno de los cantos contemporáneos.
Así, la música será un verdadero sacrificio de alabanza que suba como olor grato delante de Dios (Hebreos 13:15).
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16).
La dirección de los himnos
- Inicie el culto con himnos: los himnos elevan el espíritu, unifican a la congregación y disponen los corazones para la adoración sincera a Dios.
- Selección anticipada: los himnos y cantos deben escogerse de acuerdo con el tema del día o de la predicación. La improvisación puede romper la armonía espiritual.
- Clasificación: los himnos pueden ser de alabanza, adoración, consagración, fortaleza, gratitud, oración, entre otras. Esta clasificación ayuda a saber qué himno corresponde en cada parte del culto.
- Evite cantar al azar: hacerlo puede romper el espíritu del culto y desorientar a la congregación.
Cómo dirigir el canto
- Anuncio del himno: debe hacerse con voz clara, segura y reverente. No es un trámite, es una invitación a adorar.
- Momento preciso: si hay instrumentos, espere la nota adecuada antes de iniciar. Si la congregación no conoce el himno, mejor detenerse y elegir otro conocido.
- Cuando no se conoce el compás: no finja ni improvise, eso confunde a la congregación. Mantenga serenidad y guíe con respeto.
- Con entendimiento: Salmo 47:7 nos recuerda que no es sólo cantar, sino hacerlo con inteligencia espiritual, comprendiendo la letra y el propósito.
“Porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia.” (Salmo 47:7).
Formas de enriquecer el uso de los himnos
- Alternar lectura de una estrofa antes de cantarla.
- Cantar a varias voces: dúos, tríos, coros pequeños o toda la congregación.
- Combinar un himno con una lectura bíblica o poesía.
- Leer las estrofas como poesía mientras se toca suavemente la melodía.
Ubicación de los himnos en el culto
Los himnos que se cantan en un culto no deben elegirse al azar ni por mero gusto musical. Cada uno debe estar en armonía con el propósito espiritual, la doctrina y el tema central del culto. La correcta ubicación de los himnos dentro del programa ayuda a conducir a la congregación de manera ordenada hacia una experiencia de adoración completa.
A continuación se presenta el modelo más practicado:
Himno de apertura
Es el primer canto congregacional, generalmente un himno de alabanza vibrante y gozoso. Su función es ser un llamado solemne a la adoración, disponiendo los corazones para lo que vendrá después. Con este himno se levanta un espíritu de gratitud y se recuerda que el centro del culto es Dios.
Segundo himno
Suele colocarse junto a las oraciones o la lectura bíblica. Tiene un carácter más fervoroso y reflexivo, con un tono tranquilo y moderado que favorece el recogimiento y la reverencia. Este himno ayuda a pasar de la exaltación inicial a una adoración más profunda, preparando la mente para recibir la Palabra.
Himno previo a la predicación
Es un himno de preparación espiritual. Su letra y música deben estar estrechamente relacionadas con el tipo de sermón que se predicará.
- Si es un mensaje evangelístico, convendrá un himno que exprese el llamado de Cristo y la urgencia de la salvación.
- Si es un sermón doctrinal, el himno debe reforzar la enseñanza bíblica que se va a presentar. Este canto actúa como un puente que abre la puerta del corazón de la congregación para recibir el mensaje de Dios.
Himno posterior a la predicación
Este himno constituye un “amén” cantado. Es la respuesta del pueblo a la Palabra recién proclamada. La congregación, al cantar, expresa su compromiso de obedecer, su gratitud por la enseñanza recibida y su deseo de vivir conforme a la voluntad de Dios. Debe ser un himno personal y reflexivo, estrechamente ligado al tema de la predicación.
Himno final
El himno de cierre es la despedida espiritual de la congregación. Marca la culminación del culto y resume su efecto. Cuanto más claro, impactante y edificante sea, más resonará en la vida diaria de los creyentes. Debe ser un himno vital, conmovedor y comprometedor, que deje grabada en el corazón la grandeza de Dios y la seriedad del llamado cristiano.